Lo malo es que todo sigue igual. Las cosas no cambian para nadie. Hoy en día solo unos pocos afortunados pueden considerarse afortunados y Adrien no era uno de esos. No era un afortunado porque todo lo que intentaba le salía mal. No era un afortunado por tener que levantarse todos los días a las siete para ir a trabajar. No era una afortunado porque no tenía coche y tenía que coger el autobús todas las mañanas “¡Oh dios, odio el transporte público!”.
Pero así es la vida amigo, algunas personas están destinadas a ser infelices, unos fracasados en la vida y en el trabajo. Aunque ocurre que, a veces, esas personas son tocadas por una varita mágica. Alguien decide ahí arriba que ya está bien de pasarlo mal, “¿Por qué yo y no otro?”, oye guapito, ya tienes lo que querías, no hagas más preguntas.
Esta es la corta y resumida historia, el desagradable cuento con final feliz de Adrien Cotillard.
Adrien Cotillard amanecía cada mañana a las siete de la mañana. Salía de su pequeña casa, que no era más que un cutre y diminuto estudio, para dirigirse a un trabajo que no le gustaba nada, pero que al menos le daba de comer. Y cada día, soñaba con ser algún día director de cine, pues era el cine su mayor afición desde pequeño. Como su sueldo no le daba para comprar un coche en condiciones, tomaba el transporte público, que odiaba más que su trabajo. Caminaba durante veinte minutos para llegar hasta la fábrica donde trabajaba, la cual estaba semi-escondida en un bosque. Cruzaba un barrizal, un rio, un trozo de bosque. Cada día era una aventura, pero a Adrien dejaron de hacerle gracia las aventuras hace tiempo.
Cuando llegaba a la fábrica, maldecía a sus compañeros que llegaban en coche. Un coche que habían comprado con su sueldo, porque ellos eran realmente importantes en aquella fabrica. En cambio, Adrien, solo era el chico de la limpieza. Y era el chico de la limpieza en aquella fábrica, porque aquella fábrica fue la única que quiso contratarle, teniendo en cuenta sus numerosos defectos. Realmente, en aquella fabrica, nadie conocía todos los defectos de Adrien, nadie conocía todos sus “secretos”, pero si los más llamativos. Y es que dejando a un lado su calvicie y su horripilante blanquecina piel, Adrien era tartamudo, sufría de párkinson y de una ligera cojera que le obligaba a detenerse y tomar aire cada tres pasos.
Con todos esos defectos entraba a trabajar cada día con una sonrisa, forzada en muchas ocasiones. Limpiaba, ordenaba y relimpiaba todo lo que debía y lo que no debía porque en realidad trabajaba más de lo que tenía que trabajar y cobraba menos de lo que tenía que cobrar. Pero si hacia horas extras no era porque fuese una dicto al trabajo, era porque no quería que llegara el momento de regresar a casa y lamentarse por su desdichada vida mientras miraba el televisor hasta las tantas.
Un día, su pésima suerte cambio de golpe. El salió de la fábrica el último, como cada día. Como sus compañeros le consideraban un apestado nadie le acercaba a casa y le tocaba cruzar el bosque, el barrizal y el rio para llegar a la parada del autobús, en ocasiones con tan mala suerte que el ultimo bus ya había pasado y tenía que quedarse esperando el siguiente durante horas. Pero ese día ni siquiera tendría que llegar a la parada del autobús.
Decidió, por primera vez, sentarse en una roca que había a la orilla de aquel rio, para pensar. Por su cabeza se pasaban muchas frases, muchos recuerdos, muchas palabras. Recordaba a su familia, la cual había muerto casi por completo, y los que no estaban muertos no querían saber nada de él.
De pronto escucho una voz “Adrien…” ¡Alguien le llamaba! Al principio confundió aquella voz con sus pensamientos, pero la voz insistía y cada vez la sentía más cercana.
-Adrien… - alguien lo llamaba. Estaba detrás de él. Adrien se giro, al principio muy asustado, pero como hacía tiempo que pensaba que las cosas ya no podían irle peor, su miedo y su vergüenza casi habían desaparecido por completo.
Detrás de él había un hombre negro, vestido con un esmoquin blanco, de pelo canoso y una brillante barba blanca. Le sonreía y le miraba de una manera muy amable y muy peculiar a la vez. Adrien se sintió feliz por primera vez en mucho tiempo.
-¿Tu eres Adrien, no? – le dijo el señor de blanco. Adrien solo acertó a decir un monosílabo.
-Si – dijo.
-Bueno, veras Adrien – el hombre se aclaro la garganta al tiempo que se sentaba junto a Adrien en la roca. Este ni se inmutó – seguramente te estés preguntado quien soy, que hago aquí, si voy a hacerte daño…deja todas esas preguntas a un lado – el hombre seguía hablando mientras le sonreía – lo que importa es que estoy aquí, porque alguien ha decidió que ya lo has pasado mal durante demasiado tiempo – Adrien iba a hablar, pero el hombre de blanco le indicó con un leve gesto que no lo hiciera – déjame acabar. El caso es que, esto se ha acabado. Tu triste vida, ahora será feliz, tú serás feliz. Pero tienes que prometerme una cosa si quieres que te conceda este deseo
-Lo…lo que s…sea- dijo Adrien
-Tienes que prometerme que intentaras ser tan bueno como lo has sido hasta ahora, quiero decir que no te corrompas nunca, porque eres puro y necesito que lo sigas siendo, ¿Lo harás? – le pregunto en hombre de blanco, sonriéndole.
-Cla…claro – respondió Adrien. Estaba muy confuso, pero estaba feliz, entusiasmado.
-Bien, pues ahora vete a dormir y disfruta de tu nueva vida – el hombre de blanco se levanto de la roca. Comenzó a caminar sin mirar a Adrien en ningún momento hasta que por fin se perdió en la espesura del bosque.
Aun confundido, Adrien se levanto y se dirigió hacia su casa.
Nada había cambiado, tuvo que coger el autobús como todos los días para regresar a casa. Su estudio era el de siempre, pequeño y frio. Su cojera permanecía, su aspecto era el mismo.
Intentando no pensar en lo que había pasado se metió en la cama y aunque le costó dormirse, al final lo consiguió.
Al día siguiente se despertó a las siete de la mañana como cada día y se dirigió hacia el pequeño lavabo que estaba a escasos pasos de su cama, pero, “Un momento, ¡Esta no es mi casa!” Efectivamente no lo era. Su habitación había cambiado por completo, era espaciosa, era agradable y era…preciosa. Adrien no podía creérselo. Se froto los ojos, se pellizcó, pero aquello no desaparecía. Se metió en el baño y al mirarse en el espejo se asusto sobremanera. Allí, se reflejaba un hombre realmente guapo, con un pelo largo y moreno con destellos rubios y unos ojos verdosos. Era alto, robusto, atlético.
Adrien estaba tan perplejo que volvió a sentarse en su cama sin reparar en que ya no estaba cojo. Un móvil empezó a sonar sobre un escritorio que antes no estaba allí, pero él no tenía móvil. Contrariado lo cogió y contesto, tan contrariado que no reparo en que ya no tenia párkinson.
-¿Si, quien es? – pregunto asustado, pero tan asustado que no reparo en que su tartamudez había desaparecido.
-¿Dónde estás Adrien? – Le decía nerviosa una voz – Vamos a empezar a rodar ya y no podemos empezar sin el “Gran Jefe” – A Adrien se le escaparon las lagrimas y contesto “Enseguida voy” aunque no sabía dónde, pero ya pensaría como llegar hasta donde fuera, porque sentía que podría llegar donde quisiera.
Y desde aquel día fue feliz.
jueves, 28 de enero de 2010
miércoles, 27 de enero de 2010
Nº 7: PARA SIEMPRE
El creía que la había olvidado. Pero en el fondo, sabía que seguía tan enamorado de ella como el primer día en el que la miró. Ella se dio cuenta y le sonrió, haciendo que esa sonrisa le hipnotizara por completo.
Pasó mucho tiempo con ella, creyó que sería para siempre, aunque le habían dicho que no se podía enamorar tanto de una chica como aquella, tan guapa, tan simpática, tan…perfecta, al menos para él, porque sufriría más cuando aquello acabase.
Durante el tiempo que estuvo con ella, pasaba noches enteras sin poder dormir, pensando en su mirada, en su sonrisa, en su cuerpo. Preguntándose como podía haber acabado una chica como aquella con alguien como él. Nadie logro entenderlo nunca. En el pueblo había quien decía que era un milagro y según él, lo era sin duda. Pero aun así, incomprensiblemente, ella se enamoro tanto de él, que por mucho que los hombres más guapos del mundo quisieran pasar mil noches con ella, hacia caso omiso, miraba para otro lado, o le besaba, haciendo que el amor que él sentía se intensificara mas.
Un buen día, estaba ella rebuscando por sus cajones, cuando halló una nota que él le había escrito. Intrigada, comenzó a leer la nota y decía así:
“Cariño, si estás leyendo esto, es porque lo nuestro está a punto de acabar. Todo este tiempo que he pasado contigo ha sido el mejor de mi vida. Nunca pude haber imaginado que podría estar tan feliz con alguien como lo he estado contigo. Siempre fuiste sincera, fiel y siempre me quisiste como el primer día, como aquel día en el que teníamos dieciocho años y yo pase con mi viejo coche por delante de un parque donde estabas sentada con tus amigas. Me baje y fui a hablar contigo, pero casi no me diste tiempo para hablar, porque me besaste allí, delante de tus amigas. Supongo que si el amor a primera vista existe, el nuestro lo fue sin duda.
Pero ahora tengo que contarte algo. Yo no fui del todo sincero contigo. No te lo conté todo. La verdad es que yo ya sabía que ibas a besarme, por eso me baje del coche. Siempre lo he sabido todo, pero gracias a eso he podido escribirte esta nota.
Bueno, supongo que tu novio no era tan normal como creías. Pero de lo que puedes estar segura es que te he querido, te quiero y te querré como nunca he querido a nadie en mi vida.
Adiós mi vida. Siempre estaré contigo, te quiero."
VÍCTOR
Rocío dejo caer la nota al suelo, al tiempo que sus ojos se empañaban en lágrimas. En su rostro se dibujaban muchas cosas, tenía un lio enorme de sentimientos, pero ante todo estaba confusa, no lograba entender la nota del todo. Decidió llamar a Víctor, pero alguien se adelanto, porque el teléfono empezó a sonar de repente. Como un rayo, Rocío cruzó la sala en dirección a la cocina. Descolgó el teléfono.
-¿Si? – pregunto Rocío
-¿Rocío Martin? – le pregunto una voz al otro lado.
-Si, soy yo, ¿Qué ocurre? – Rocío estaba empezando a preocuparse.
-Su marido, Víctor. Ha…sufrido un accidente y acaba de morir de camino al hospital, lo siento – le dijo apesadumbrada la voz.
-¿Dónde está? – pregunto Rocío entre lagrimas
-En el hospital del Príncipe, si quiere puede ir a verlo, ¿Rocío? – pero Rocío ya había colgado. Se puso lo primero que encontró y salió de su casa, dirigiendo su mirada, por alguna razón, hacia el sillón preferido de Víctor. Donde se sentaba a ver sus partidos de baloncesto mientras ella estaba fuera. Allí no vio a nadie, pero sintió algo. Fue un sentimiento agradable, como si alguien la abrazase. Se sintió tranquila durante unos segundos, como si nada de aquello estuviese pasando, como si aquel día, fuese simplemente un día mas. Pero no era un día más.
Salió de casa con los ojos empapados en lagrimas, cerrando la puerta tras de sí, mientras un hombre la miraba desde dentro de casa.
-Adiós preciosa – dijo el hombre, agitando su mano.
Pasó mucho tiempo con ella, creyó que sería para siempre, aunque le habían dicho que no se podía enamorar tanto de una chica como aquella, tan guapa, tan simpática, tan…perfecta, al menos para él, porque sufriría más cuando aquello acabase.
Durante el tiempo que estuvo con ella, pasaba noches enteras sin poder dormir, pensando en su mirada, en su sonrisa, en su cuerpo. Preguntándose como podía haber acabado una chica como aquella con alguien como él. Nadie logro entenderlo nunca. En el pueblo había quien decía que era un milagro y según él, lo era sin duda. Pero aun así, incomprensiblemente, ella se enamoro tanto de él, que por mucho que los hombres más guapos del mundo quisieran pasar mil noches con ella, hacia caso omiso, miraba para otro lado, o le besaba, haciendo que el amor que él sentía se intensificara mas.
Un buen día, estaba ella rebuscando por sus cajones, cuando halló una nota que él le había escrito. Intrigada, comenzó a leer la nota y decía así:
“Cariño, si estás leyendo esto, es porque lo nuestro está a punto de acabar. Todo este tiempo que he pasado contigo ha sido el mejor de mi vida. Nunca pude haber imaginado que podría estar tan feliz con alguien como lo he estado contigo. Siempre fuiste sincera, fiel y siempre me quisiste como el primer día, como aquel día en el que teníamos dieciocho años y yo pase con mi viejo coche por delante de un parque donde estabas sentada con tus amigas. Me baje y fui a hablar contigo, pero casi no me diste tiempo para hablar, porque me besaste allí, delante de tus amigas. Supongo que si el amor a primera vista existe, el nuestro lo fue sin duda.
Pero ahora tengo que contarte algo. Yo no fui del todo sincero contigo. No te lo conté todo. La verdad es que yo ya sabía que ibas a besarme, por eso me baje del coche. Siempre lo he sabido todo, pero gracias a eso he podido escribirte esta nota.
Bueno, supongo que tu novio no era tan normal como creías. Pero de lo que puedes estar segura es que te he querido, te quiero y te querré como nunca he querido a nadie en mi vida.
Adiós mi vida. Siempre estaré contigo, te quiero."
VÍCTOR
Rocío dejo caer la nota al suelo, al tiempo que sus ojos se empañaban en lágrimas. En su rostro se dibujaban muchas cosas, tenía un lio enorme de sentimientos, pero ante todo estaba confusa, no lograba entender la nota del todo. Decidió llamar a Víctor, pero alguien se adelanto, porque el teléfono empezó a sonar de repente. Como un rayo, Rocío cruzó la sala en dirección a la cocina. Descolgó el teléfono.
-¿Si? – pregunto Rocío
-¿Rocío Martin? – le pregunto una voz al otro lado.
-Si, soy yo, ¿Qué ocurre? – Rocío estaba empezando a preocuparse.
-Su marido, Víctor. Ha…sufrido un accidente y acaba de morir de camino al hospital, lo siento – le dijo apesadumbrada la voz.
-¿Dónde está? – pregunto Rocío entre lagrimas
-En el hospital del Príncipe, si quiere puede ir a verlo, ¿Rocío? – pero Rocío ya había colgado. Se puso lo primero que encontró y salió de su casa, dirigiendo su mirada, por alguna razón, hacia el sillón preferido de Víctor. Donde se sentaba a ver sus partidos de baloncesto mientras ella estaba fuera. Allí no vio a nadie, pero sintió algo. Fue un sentimiento agradable, como si alguien la abrazase. Se sintió tranquila durante unos segundos, como si nada de aquello estuviese pasando, como si aquel día, fuese simplemente un día mas. Pero no era un día más.
Salió de casa con los ojos empapados en lagrimas, cerrando la puerta tras de sí, mientras un hombre la miraba desde dentro de casa.
-Adiós preciosa – dijo el hombre, agitando su mano.
martes, 26 de enero de 2010
Nº 6 (Relato largo): LA VISITA DE UN EXTRAÑO (Parte Final)
Esta vez decidió erguirse para poder así calcular la altura del extraño ser, que irreal le pareció, al menos en aquella ocasión en la que el yacía en el suelo de la habitación. La altura del ser era exagerada en demasía, sobrepasando por seguro el par de metros como hubo calculado anteriormente aquel hombre. Comenzó a hablar, aunque temblaba su voz, lo hizo con enorme decisión. Cuando hacia el ser se dirigió, pudo ver un ojo, solo, verde y brillante que le miraba de forma que parecía saber de antemano lo que se disponía a decir.
-No entiendo lo que escribo, ni se siquiera la razón, los números, los años muy lejanos aun son, ¿Son acaso predicciones, buen señor?
-Puede que sí, puede que no, céntrate solo en seguir escribiendo y dentro de poco podrás descansar tanto como desees y ya nunca más abras de preocuparte por tu aspecto o tu estado mental
Y como vino de nuevo se fue, como ya hizo la otra vez, aquel hombre alto y fuerte, blanca su tez, sonriente y oscuro a la vez.
Nuestro hombre cogió de nuevo lápiz y papel, para comenzar a escribir y poner fin al tormento que trajo consigo aquel extraño ser.
Así lo hizo durante horas, sin deberse ni un momento, olvidándosele comer y hasta dormir. Lo hizo así durante días, sin parar más que para coger más papel, pues se le gastaba continuamente y temía no tener suficiente para llegar hasta el final.
Nada consiguió descubrir que no hubiese ya descubierto en aquella semana larga, en la que adelgazo más de un kilo, lo cual era raro en el, ya que era de buen comer.
Tras casi dos semanas de incesante trabajo, consiguió al fin descubrir algo que le asusto tanto que dejo caer su lápiz al suelo y en tanto gritaba pidiendo socorro, revolvió sus papeles dejando que algunos cayeran y se mezclaran entre ellos, para hacer aun más pesada la búsqueda de la verdad.
Quería que aquel infierno terminase, prefería estar muerto a saber lo que nadie sabía, pues no era el suficientemente fuerte para soportar todo aquello. Alguien escucho sus súplicas e hizo que su corazón se parase. Deseaba morir y su deseo le fue concedido.
Y vio fugazmente mientras caía al suelo, abandonada ya toda esperanza, la figura del hombre de los zapatos negros, diciéndole adiós con la mano mientras sonreía, como siempre, aunque aquella sonrisa no era ahora amable, más bien le pareció burlona. Golpeóse la cabeza contra el suelo y allí quedo tendido, muerto, descansando por siempre. Se marcho con la muerte y con su sueño tan profundo, que es el único sueño capaz de poner fin a las vanidades, desgracias, alegrías y penurias de este mundo.
Pasaron días y semanas y una mañana en la que un vecino de aquel hombre salía a la calle, se detuvo este, frente a la puerta de su claustrofóbico piso y percibió un olor a putrefacción, fuerte y asqueroso. Sin dudas ni titubeos, abrió la puerta y miro al suelo y vio allí tumbado un cadáver, tan blanco como la leche, con una expresión de terror en el rostro y una nota en la mano.
Cogió la nota el vecino y la leyó varias veces, pues no lograba encontrar significado a aquella extraña frase. Había una fecha, pero que aún quedaba muy lejana y una advertencia. Pero si que había algo que era inteligible, decía “Cuidado con lo que deseas”.
No consiguió entenderla y arrojo la nota sobre el cadáver, haciendo que aquella inscripción se perdiera para siempre y que el trabajo de un hombre que había olvidado lo que era estar cuerdo, fuese inútil. Y la nota fue quemada junto a las otras en las que también habia fechas y advertencias, fechas que aun no habían llegado y que aun tardarían mucho tiempo en hacerlo.
-No entiendo lo que escribo, ni se siquiera la razón, los números, los años muy lejanos aun son, ¿Son acaso predicciones, buen señor?
-Puede que sí, puede que no, céntrate solo en seguir escribiendo y dentro de poco podrás descansar tanto como desees y ya nunca más abras de preocuparte por tu aspecto o tu estado mental
Y como vino de nuevo se fue, como ya hizo la otra vez, aquel hombre alto y fuerte, blanca su tez, sonriente y oscuro a la vez.
Nuestro hombre cogió de nuevo lápiz y papel, para comenzar a escribir y poner fin al tormento que trajo consigo aquel extraño ser.
Así lo hizo durante horas, sin deberse ni un momento, olvidándosele comer y hasta dormir. Lo hizo así durante días, sin parar más que para coger más papel, pues se le gastaba continuamente y temía no tener suficiente para llegar hasta el final.
Nada consiguió descubrir que no hubiese ya descubierto en aquella semana larga, en la que adelgazo más de un kilo, lo cual era raro en el, ya que era de buen comer.
Tras casi dos semanas de incesante trabajo, consiguió al fin descubrir algo que le asusto tanto que dejo caer su lápiz al suelo y en tanto gritaba pidiendo socorro, revolvió sus papeles dejando que algunos cayeran y se mezclaran entre ellos, para hacer aun más pesada la búsqueda de la verdad.
Quería que aquel infierno terminase, prefería estar muerto a saber lo que nadie sabía, pues no era el suficientemente fuerte para soportar todo aquello. Alguien escucho sus súplicas e hizo que su corazón se parase. Deseaba morir y su deseo le fue concedido.
Y vio fugazmente mientras caía al suelo, abandonada ya toda esperanza, la figura del hombre de los zapatos negros, diciéndole adiós con la mano mientras sonreía, como siempre, aunque aquella sonrisa no era ahora amable, más bien le pareció burlona. Golpeóse la cabeza contra el suelo y allí quedo tendido, muerto, descansando por siempre. Se marcho con la muerte y con su sueño tan profundo, que es el único sueño capaz de poner fin a las vanidades, desgracias, alegrías y penurias de este mundo.
Pasaron días y semanas y una mañana en la que un vecino de aquel hombre salía a la calle, se detuvo este, frente a la puerta de su claustrofóbico piso y percibió un olor a putrefacción, fuerte y asqueroso. Sin dudas ni titubeos, abrió la puerta y miro al suelo y vio allí tumbado un cadáver, tan blanco como la leche, con una expresión de terror en el rostro y una nota en la mano.
Cogió la nota el vecino y la leyó varias veces, pues no lograba encontrar significado a aquella extraña frase. Había una fecha, pero que aún quedaba muy lejana y una advertencia. Pero si que había algo que era inteligible, decía “Cuidado con lo que deseas”.
No consiguió entenderla y arrojo la nota sobre el cadáver, haciendo que aquella inscripción se perdiera para siempre y que el trabajo de un hombre que había olvidado lo que era estar cuerdo, fuese inútil. Y la nota fue quemada junto a las otras en las que también habia fechas y advertencias, fechas que aun no habían llegado y que aun tardarían mucho tiempo en hacerlo.
lunes, 25 de enero de 2010
Nº5 (Relato largo): LA VISITA DE UN EXTRAÑO (2da parte)
-¿Y a que vinisteis? si saberse puede
-Vine, porque fui llamado por vos
-Permitidme dudar, buen hombre, si es que es usted un hombre, pero hace días que no hablo con nadie más que conmigo mismo
-Puede que sin darte cuenta, pidieras mi ayuda. Tranquilo, tan solo vine a decirte que no debes rendirte, pues descubrirás en días próximos que tu misión aquí es demasiado importante como para que no sigas adelante.
-Pero no entiendo que… - antes de que la frase de nuestro hombre hallara su terminación, por donde vino se fue, aquella aparición.
Aun pasmado, asustado ligeramente y confuso sobre todo, levantase nuestro hombre y sentose en el borde del camastro de donde hacia horas había caído. Y dije bien, horas. Sin saber cómo ni por que, al volver a mirar su reloj caído en suelo, vio impactado que ya eran más de las doce de la mañana.
La sucesión de extraños acontecimientos parecía haber cesado, cuando algo golpeo la ventana de su cuarto, haciendo que volviera a asustarse tanto que esta vez un grito ahogado se escapo de sus labios. Aunque el terror le hacía tiritar acerco se a la ventana y la abrió viendo al otro lado, descansando en el alfeizar, el cadáver de un pájaro, torcido el cuello y con un pequeño trozo de papel amarrado a su destrozada yugular.
Cogió la nota y la leyó atentamente, y decía así:
“Escribe. Es el momento. Ahora descubrirás…”
La nota estaba falta de un trozo, pero lo que había leído era suficiente como para que el deseo de escribir se hiciese tan grande que no pudiese evitar coger pluma y papel y comenzar a escribir, sin saber que, como hacia siempre. No consiguió, sin embargo, sacar nada en claro, por lo que aparco su pluma, su papel y su insaciable imaginación y decidió olvidar todo aquello que le paso, para volver a su rutina de rezar, esperar y soñar más de lo normal.
Pasaron noches y días, nubes, lunas y soles sin que nada raro pasase y comenzó a pensar, aquel pobre hombre que lo que vio no fue más que su infatigable imaginación haciéndole pasar un mal rato como ya había hecho en diversas ocasiones. Pero, tras semana y media de su visión, tuvo un sueño, dígase mejor una alucinación, pues fue uno de eso sueños que el tenia aun despierto, aun de día. Y en la silla se poso sin pararse a pensar porque y a escribir empezó sin saber lo que.
Primero, no fueron más que palabras inconexas, carentes de sentido alguno. Esto hizo que pensara en abandonar su nueva empresa, a pesar de haberla emprendido con enorme gusto. Pero leyó y releyó lo que escrito había y finalmente, agotada casi toda esperanza, consiguió hallar sentido a sus escritos.
Quedo impresionado de tal manera con su nuevo hallazgo que se desmayo y se dejo caer al suelo como un saco de patatas, provocando un ruido sordo, un estruendo estrepitoso. Después llego el silencio y tras el aquel hombre de los zapatos negros. Ya no sabía si estaba soñando o estaba despierto, o quizá soñase despierto como otras veces había hecho. Fuera de esta o de otra forma, el hombre de los zapatos negros seguía allí plantado frente a él.
-Vine, porque fui llamado por vos
-Permitidme dudar, buen hombre, si es que es usted un hombre, pero hace días que no hablo con nadie más que conmigo mismo
-Puede que sin darte cuenta, pidieras mi ayuda. Tranquilo, tan solo vine a decirte que no debes rendirte, pues descubrirás en días próximos que tu misión aquí es demasiado importante como para que no sigas adelante.
-Pero no entiendo que… - antes de que la frase de nuestro hombre hallara su terminación, por donde vino se fue, aquella aparición.
Aun pasmado, asustado ligeramente y confuso sobre todo, levantase nuestro hombre y sentose en el borde del camastro de donde hacia horas había caído. Y dije bien, horas. Sin saber cómo ni por que, al volver a mirar su reloj caído en suelo, vio impactado que ya eran más de las doce de la mañana.
La sucesión de extraños acontecimientos parecía haber cesado, cuando algo golpeo la ventana de su cuarto, haciendo que volviera a asustarse tanto que esta vez un grito ahogado se escapo de sus labios. Aunque el terror le hacía tiritar acerco se a la ventana y la abrió viendo al otro lado, descansando en el alfeizar, el cadáver de un pájaro, torcido el cuello y con un pequeño trozo de papel amarrado a su destrozada yugular.
Cogió la nota y la leyó atentamente, y decía así:
“Escribe. Es el momento. Ahora descubrirás…”
La nota estaba falta de un trozo, pero lo que había leído era suficiente como para que el deseo de escribir se hiciese tan grande que no pudiese evitar coger pluma y papel y comenzar a escribir, sin saber que, como hacia siempre. No consiguió, sin embargo, sacar nada en claro, por lo que aparco su pluma, su papel y su insaciable imaginación y decidió olvidar todo aquello que le paso, para volver a su rutina de rezar, esperar y soñar más de lo normal.
Pasaron noches y días, nubes, lunas y soles sin que nada raro pasase y comenzó a pensar, aquel pobre hombre que lo que vio no fue más que su infatigable imaginación haciéndole pasar un mal rato como ya había hecho en diversas ocasiones. Pero, tras semana y media de su visión, tuvo un sueño, dígase mejor una alucinación, pues fue uno de eso sueños que el tenia aun despierto, aun de día. Y en la silla se poso sin pararse a pensar porque y a escribir empezó sin saber lo que.
Primero, no fueron más que palabras inconexas, carentes de sentido alguno. Esto hizo que pensara en abandonar su nueva empresa, a pesar de haberla emprendido con enorme gusto. Pero leyó y releyó lo que escrito había y finalmente, agotada casi toda esperanza, consiguió hallar sentido a sus escritos.
Quedo impresionado de tal manera con su nuevo hallazgo que se desmayo y se dejo caer al suelo como un saco de patatas, provocando un ruido sordo, un estruendo estrepitoso. Después llego el silencio y tras el aquel hombre de los zapatos negros. Ya no sabía si estaba soñando o estaba despierto, o quizá soñase despierto como otras veces había hecho. Fuera de esta o de otra forma, el hombre de los zapatos negros seguía allí plantado frente a él.
domingo, 24 de enero de 2010
Nº4 (Relato largo): LA VISITA DE UN EXTRAÑO (1era Parte)
En una barriada industrial de una modernista ciudad europea, allá por el año del señor de 1901, vivió una vez un hombre del que se decía de todo menos bueno. Huraño, retraído, persona de pocas amistades y de gran inteligencia, vivió perturbado por sus propias investigaciones que le hicieron perder la poca cordura que conservaba.
Era aquel hombre bajito y regordete, calvo y de pequeños ojos, con pequeñas orejas y prominente nariz, de tal manera redondo que parecía salido de un chiste, o hecho así a propósito para regocijo de individuos normales de aspecto. Puede que fuera esta, razón suficiente para que sus amistades fuesen disminuyendo al tiempo que su locura aumentaba.
Aunque nunca se considero loco, ya que se decía consciente de sus capacidades psíquicas y era por tanto, suficientemente cuerdo como para no ser encerrado en el manicomio más cercano.
Muchas noches, en las que el sueño no aparecía por más que lo buscase, se sentaba frente a su escritorio y escribía sin parar, al principio sin saber qué, pero descubriendo, poco a poco que lo que escribía cobraba sentido. Usaba eso que algunos han llamado “escritura automática” consistente, ni más ni menos, en sentarse frente a un papel y empezar a escribir sin saber ni pensar en lo que escribes.
Así paso al principio, cuando eran él y su atormentada alma. Cuando buscaba cada día algún motivo para seguir viviendo y se acostaba cada noche sin encontrarlo pero con la esperanza de hallarlo el día próximo.
Este hombre, fue por años, un desgraciado ser que casi se había dado por vencido viendo como todo aquello por lo que había luchado se esfumaba, viendo como sus sueños le decían adiós.
El quiso siempre ser alguien importante, soñaba en ocasiones con ver algún día su nombre en los libros de historia. Soñaba dormido y a ratos despierto. Soñaba con dejar una huella que pudiese verse desde lejanos planetas. Soñaba con ser recordado como un gran hombre de su tiempo.
Ocurrió que un día, estando el dormitando, ya que desde hacia más de un lustro no podía dormir de manera profunda, escucho un sonido tan fuerte que causo su irrefrenable caída al suelo. Pudo ver, fugazmente la hora de su reloj, que con el cayó, y vio que la aguja más grande sobrepasaba ligeramente el noveno numero. Y allí en el suelo, abrió los ojos, sintiendo un fuerte dolor en su brazo derecho y pudo ver unos zapatos de piel, negros, como la piel de un puma. Asustado levanto la cabeza y recorrió con sus diminutos ojitos un enorme cuerpo, lo menos de más de dos metros coronado por una cabeza, mas grande de lo normal, aunque a vista primera proporcionada con el resto del cuerpo. Y en esa cabeza, ovalada, una cara amable que le sonreía. Parecía un hombre, aunque no del todo, no, del todo no. Algo percibió nuestro hombre, pues sospechaba que aquel ser no era un ser humano por más que pareciera serlo.
-Decidme, ¿Quién sois y como entrasteis? – dijo nuestro hombre, aun pegado su cuerpo al suelo.
-Oh, no debéis preocuparos por quien soy, lo que importa es que hago aquí.
Era aquel hombre bajito y regordete, calvo y de pequeños ojos, con pequeñas orejas y prominente nariz, de tal manera redondo que parecía salido de un chiste, o hecho así a propósito para regocijo de individuos normales de aspecto. Puede que fuera esta, razón suficiente para que sus amistades fuesen disminuyendo al tiempo que su locura aumentaba.
Aunque nunca se considero loco, ya que se decía consciente de sus capacidades psíquicas y era por tanto, suficientemente cuerdo como para no ser encerrado en el manicomio más cercano.
Muchas noches, en las que el sueño no aparecía por más que lo buscase, se sentaba frente a su escritorio y escribía sin parar, al principio sin saber qué, pero descubriendo, poco a poco que lo que escribía cobraba sentido. Usaba eso que algunos han llamado “escritura automática” consistente, ni más ni menos, en sentarse frente a un papel y empezar a escribir sin saber ni pensar en lo que escribes.
Así paso al principio, cuando eran él y su atormentada alma. Cuando buscaba cada día algún motivo para seguir viviendo y se acostaba cada noche sin encontrarlo pero con la esperanza de hallarlo el día próximo.
Este hombre, fue por años, un desgraciado ser que casi se había dado por vencido viendo como todo aquello por lo que había luchado se esfumaba, viendo como sus sueños le decían adiós.
El quiso siempre ser alguien importante, soñaba en ocasiones con ver algún día su nombre en los libros de historia. Soñaba dormido y a ratos despierto. Soñaba con dejar una huella que pudiese verse desde lejanos planetas. Soñaba con ser recordado como un gran hombre de su tiempo.
Ocurrió que un día, estando el dormitando, ya que desde hacia más de un lustro no podía dormir de manera profunda, escucho un sonido tan fuerte que causo su irrefrenable caída al suelo. Pudo ver, fugazmente la hora de su reloj, que con el cayó, y vio que la aguja más grande sobrepasaba ligeramente el noveno numero. Y allí en el suelo, abrió los ojos, sintiendo un fuerte dolor en su brazo derecho y pudo ver unos zapatos de piel, negros, como la piel de un puma. Asustado levanto la cabeza y recorrió con sus diminutos ojitos un enorme cuerpo, lo menos de más de dos metros coronado por una cabeza, mas grande de lo normal, aunque a vista primera proporcionada con el resto del cuerpo. Y en esa cabeza, ovalada, una cara amable que le sonreía. Parecía un hombre, aunque no del todo, no, del todo no. Algo percibió nuestro hombre, pues sospechaba que aquel ser no era un ser humano por más que pareciera serlo.
-Decidme, ¿Quién sois y como entrasteis? – dijo nuestro hombre, aun pegado su cuerpo al suelo.
-Oh, no debéis preocuparos por quien soy, lo que importa es que hago aquí.
sábado, 23 de enero de 2010
Nº 3: DEMASIADO TARDE
-¿Quieres que te lo envuelva para regalo? - le preguntó la chica con una sonrisa. Javi estaba cada vez mas loco por ella, quería besarla en ese mismo instante.
-Sí, gracias - contestó Javi. La chica se metió en la trastienda. Javi se quedo pensando en lo guapa que era. Desde el primer dia que la habia visto allí, tras el mostrador de la tienda de ropa, no habia podido dejar de pensar en ella.
La chica volvió con el regalo envuelto, mientras Javi la miraba con cara de idiota. Sabia que ella se habia dado cuenta, pero como seguia sonriéndole, "no se cortó ni un pelo".
-Aquí tienes - le dijo la chica, tendiéndole el articulo envuelto.
-Gracias - dijo Javi, "¡Vamos, dile algo!" pensó. Pero era demasado tímido - adiós - "Estúpido"
-Adiós - le contestó la chica, aún sonriendo.
Javi salió de la tienda, pensado en ella, como siempre. Pero hoy no se lamentaba por no haberle dicho nada, porque no era la primera vez que iba a la tienda solo para verla. Había salido por primera vez de casa hacía unas semanas, con el permiso de su madre, despues de que le diagnostricaran un cancer incurable, a sus diecisiete años de edad y llevaba casi dos semanas haciendo lo mismo. Se dirigia a la tienda, donde estaba la chica con la sonrisa mas dulce que el había visto jamas, cogía lo primero que veía, y le pedía que se lo envolviera, para llevarlo a casa y meterlo en el armario, sin nisiquiera desnvolverlo. No sabía su nombre, pero se enamoro de ella a primera vista y la verdad era que ya estaba harto, asique decidió que mañana le diría algo, lo que fuera, "¿A que hora sales guapa?" o algo por el estilo, ya tendria tiempo de pensarlo.
Aquella noche se fue a la cama pero tardó en dormirse, porque se quedó dándole vueltas a su cabeza,recordando el momento en el que la vió por primera vez, al otro lado del escaparate, y un escalofrio recorrió su cuerpo, paralizandolo durante unos segundos. Recordando la primera vez que entro en la tienda, "¿Te puedo ayudar en algo?" le había dicho la chica, y el, tartamudeando respondió que queria comprar una camiseta. La chica lo llevo con ella y le enseño las que había. Javi cogió la primera que vio y le pido que se la envolviera.
Asi paso horas, recordando su sonrisa, sus ojos, sus labios. Tras vueltas y vueltas, al fin encontró la solución y animado por su madre, se armo de coraje y tomó una decisión.
Al dia siguiente, entró en la tienda como todos los dias, cogió lo primero que vio y le pidio a la chica que se lo envolviera. Cuando esta se metio dentro, apunto rapidamente su telefono en el mostrador y salió corriendo de la tienda.
---------------------------------------------------------------------------
El telefono sonaba. La madre de Javi lo tomo entre sus manos y contesto "¿Si? ¿Quien es?" era la chica que preguntaba por Javi. Su madre empezó a llorar desconsoladamente.
-¿Pero no sabias nada? -dijo entre lagrimas - estaba muy enfermo y ayer falleció - hubo un gran silencio y despues a los llantos de su madre se unieron los de la chica.
La madre subió a la habitación de su hijo, para recordarlo y sentirlo mas cercano. Al abrir el armario, se sorprendió al ver un monton de paquetes envueltos. Al desenvolver el primero, un pequeño trozo de papel salió de el. Lo cogio y leyo lo que decía aquella nota.
"Hola, estas muy guapo, ¿Quieres salir conmigo?"
Carla
La madre siguió desenvolviendo paquetes y en cada uno de ellos, habia una nota. Todas decian lo mismo. No pudo evitar echarse a llorar de nuevo, empapando con sus lagrimas las notas que Carla había escrito a Javi, con la esperanza de salir con el algun dia, que ya nunca llegaría.
-Sí, gracias - contestó Javi. La chica se metió en la trastienda. Javi se quedo pensando en lo guapa que era. Desde el primer dia que la habia visto allí, tras el mostrador de la tienda de ropa, no habia podido dejar de pensar en ella.
La chica volvió con el regalo envuelto, mientras Javi la miraba con cara de idiota. Sabia que ella se habia dado cuenta, pero como seguia sonriéndole, "no se cortó ni un pelo".
-Aquí tienes - le dijo la chica, tendiéndole el articulo envuelto.
-Gracias - dijo Javi, "¡Vamos, dile algo!" pensó. Pero era demasado tímido - adiós - "Estúpido"
-Adiós - le contestó la chica, aún sonriendo.
Javi salió de la tienda, pensado en ella, como siempre. Pero hoy no se lamentaba por no haberle dicho nada, porque no era la primera vez que iba a la tienda solo para verla. Había salido por primera vez de casa hacía unas semanas, con el permiso de su madre, despues de que le diagnostricaran un cancer incurable, a sus diecisiete años de edad y llevaba casi dos semanas haciendo lo mismo. Se dirigia a la tienda, donde estaba la chica con la sonrisa mas dulce que el había visto jamas, cogía lo primero que veía, y le pedía que se lo envolviera, para llevarlo a casa y meterlo en el armario, sin nisiquiera desnvolverlo. No sabía su nombre, pero se enamoro de ella a primera vista y la verdad era que ya estaba harto, asique decidió que mañana le diría algo, lo que fuera, "¿A que hora sales guapa?" o algo por el estilo, ya tendria tiempo de pensarlo.
Aquella noche se fue a la cama pero tardó en dormirse, porque se quedó dándole vueltas a su cabeza,recordando el momento en el que la vió por primera vez, al otro lado del escaparate, y un escalofrio recorrió su cuerpo, paralizandolo durante unos segundos. Recordando la primera vez que entro en la tienda, "¿Te puedo ayudar en algo?" le había dicho la chica, y el, tartamudeando respondió que queria comprar una camiseta. La chica lo llevo con ella y le enseño las que había. Javi cogió la primera que vio y le pido que se la envolviera.
Asi paso horas, recordando su sonrisa, sus ojos, sus labios. Tras vueltas y vueltas, al fin encontró la solución y animado por su madre, se armo de coraje y tomó una decisión.
Al dia siguiente, entró en la tienda como todos los dias, cogió lo primero que vio y le pidio a la chica que se lo envolviera. Cuando esta se metio dentro, apunto rapidamente su telefono en el mostrador y salió corriendo de la tienda.
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El telefono sonaba. La madre de Javi lo tomo entre sus manos y contesto "¿Si? ¿Quien es?" era la chica que preguntaba por Javi. Su madre empezó a llorar desconsoladamente.
-¿Pero no sabias nada? -dijo entre lagrimas - estaba muy enfermo y ayer falleció - hubo un gran silencio y despues a los llantos de su madre se unieron los de la chica.
La madre subió a la habitación de su hijo, para recordarlo y sentirlo mas cercano. Al abrir el armario, se sorprendió al ver un monton de paquetes envueltos. Al desenvolver el primero, un pequeño trozo de papel salió de el. Lo cogio y leyo lo que decía aquella nota.
"Hola, estas muy guapo, ¿Quieres salir conmigo?"
Carla
La madre siguió desenvolviendo paquetes y en cada uno de ellos, habia una nota. Todas decian lo mismo. No pudo evitar echarse a llorar de nuevo, empapando con sus lagrimas las notas que Carla había escrito a Javi, con la esperanza de salir con el algun dia, que ya nunca llegaría.
viernes, 22 de enero de 2010
Nº 2: "CUÉNTAMELO"
El edificio de Radio Cinco se encontraba en el centro de la ciudad, arropado por las luces artificiales, los coches, el humo y los enormes edificios colindantes. Desde allí, se emitían todos los programas que habían hecho famosa a la emisora y a los jóvenes talentos que trabajaban allí. Habían conseguido convertirse en poco menos que estrellas. La joven estrella más prometedora de Radio Cinco, se llamaba Susana Andrés. Presentaba un programa llamado “Cuéntamelo”, un programa donde la gente llamaba para contar sus experiencias y sus anécdotas. Susana estaba feliz con aquel programa, le encantaba, pero algo destrozaría su alegría aquella noche de Febrero. Hasta aquel día, las llamadas que recibía Susana eran alegres y divertidas, pero no todo es alegría y diversión y ella lo descubriría, quizás de una manera bastante dura.
La presentadora indicaba al jefe de sonido que bajara la música, tenían otra llamada. La música paró y la voz de la presentadora se escucho de nuevo.
-Y seguimos aquí en cuéntamelo. Tenemos al otro lado del teléfono a Pablo, desde Bilbao. Buenas noches Pablo.
-Hola, buenas noches
-Bueno, ¿Qué te ocurre?, cuéntamelo
-Pues mira Susana, últimamente he tenido muchos problemas con mi madre y hoy me he peleado con ella – dijo Pablo al otro lado del teléfono. Su voz denotaba cierta tristeza.
-¿Vives solo con ella? – pregunto Susana, la presentadora
-Si – contesto Pablo
-Dices que te has peleado con ella, ¿Por qué? ¿Qué ha pasado?
-Bueno lo que siempre pasa, eso no importa, no quiero contarlo
-Bale, ¿Y estáis bien los dos?
-No
-¿Asique no ha sido simplemente una pelea verbal?
-No
-¿Tu estas bien, Pablo?
-Si, yo si
-¿Y tu madre?
-No, creo que está muerta – dijo Pablo y colgó. Susana seguía hablando, preguntando por Pablo, pero el ya no estaba al otro lado del teléfono. Decidió parar la emisión y llamar a la policía, pero, ¿Desde donde llamaba Pablo? No podía saber desde que sitio concreto de Bilbao le había llegado la llamada. Tampoco sabía si se trataba de una broma o no.El programa siguió su curso habitual. la gente llamaba para contar divertidas anécdotas que a Susana ahora le parecian estupidas. Por alguna razón, las llamadas cesaron y el programa termino antes de lo habitual.
Cuando todo hubo terminado, la presentadora Susana decidió irse a casa. El programa terminó a una hora poco habitual aquella noche de Febrero. Susana no lograba comprender lo que había pasado en su programa, aun no daba crédito.
Cogió su coche y se dirigió a casa para intentar descansar, aunque aquella noche le costaría mucho conciliar el sueño. Seguiría durante horas dándole vueltas a aquel suceso. Cuando por fin consiguió dormirse su móvil comenzó a sonar. Susana se sobresaltó, pero rápidamente recobro el conocimiento y agarro su móvil. La llamada era de un compañero de trabajo, Diego, el jefe de sonido para ser más exactos.
-¿Susana? – preguntó Diego
-¿Si? – aun estaba adormilada pero pudo distinguir un ligero atisbo de preocupación en la voz de Diego.
-Pón las noticias y después llámame de nuevo, ¿Vale?
-¿Pero qué pasa?
-Tu, tu pón las noticias – Diego cortó la comunicación. Susana se quedo un rato sentada en su cama antes de levantarse del todo. Se dirigió hacia la sala de estar. Cogió el mando del televisor y puso el canal de noticias. Estaban hablando sobre un asesinato. Un adolescente había golpeado a su madre hasta matarla, un adolescente de Bilbao, un adolescente de nombre Pablo. Tras matar a su madre el chico había desaparecido y nada se sabía de él.
Susana no volvió a llamar a Diego. Se quedo durante horas sentada en el sofá, con la mirada perdida, pensando porque querría un chaval decirle que acababa de matar a su madre. “¿Qué por qué? Tu misma lo dices en tu programa, cuéntamelo, cuéntame lo que sea” le dijo burlonamente una lejana voz.
La presentadora indicaba al jefe de sonido que bajara la música, tenían otra llamada. La música paró y la voz de la presentadora se escucho de nuevo.
-Y seguimos aquí en cuéntamelo. Tenemos al otro lado del teléfono a Pablo, desde Bilbao. Buenas noches Pablo.
-Hola, buenas noches
-Bueno, ¿Qué te ocurre?, cuéntamelo
-Pues mira Susana, últimamente he tenido muchos problemas con mi madre y hoy me he peleado con ella – dijo Pablo al otro lado del teléfono. Su voz denotaba cierta tristeza.
-¿Vives solo con ella? – pregunto Susana, la presentadora
-Si – contesto Pablo
-Dices que te has peleado con ella, ¿Por qué? ¿Qué ha pasado?
-Bueno lo que siempre pasa, eso no importa, no quiero contarlo
-Bale, ¿Y estáis bien los dos?
-No
-¿Asique no ha sido simplemente una pelea verbal?
-No
-¿Tu estas bien, Pablo?
-Si, yo si
-¿Y tu madre?
-No, creo que está muerta – dijo Pablo y colgó. Susana seguía hablando, preguntando por Pablo, pero el ya no estaba al otro lado del teléfono. Decidió parar la emisión y llamar a la policía, pero, ¿Desde donde llamaba Pablo? No podía saber desde que sitio concreto de Bilbao le había llegado la llamada. Tampoco sabía si se trataba de una broma o no.El programa siguió su curso habitual. la gente llamaba para contar divertidas anécdotas que a Susana ahora le parecian estupidas. Por alguna razón, las llamadas cesaron y el programa termino antes de lo habitual.
Cuando todo hubo terminado, la presentadora Susana decidió irse a casa. El programa terminó a una hora poco habitual aquella noche de Febrero. Susana no lograba comprender lo que había pasado en su programa, aun no daba crédito.
Cogió su coche y se dirigió a casa para intentar descansar, aunque aquella noche le costaría mucho conciliar el sueño. Seguiría durante horas dándole vueltas a aquel suceso. Cuando por fin consiguió dormirse su móvil comenzó a sonar. Susana se sobresaltó, pero rápidamente recobro el conocimiento y agarro su móvil. La llamada era de un compañero de trabajo, Diego, el jefe de sonido para ser más exactos.
-¿Susana? – preguntó Diego
-¿Si? – aun estaba adormilada pero pudo distinguir un ligero atisbo de preocupación en la voz de Diego.
-Pón las noticias y después llámame de nuevo, ¿Vale?
-¿Pero qué pasa?
-Tu, tu pón las noticias – Diego cortó la comunicación. Susana se quedo un rato sentada en su cama antes de levantarse del todo. Se dirigió hacia la sala de estar. Cogió el mando del televisor y puso el canal de noticias. Estaban hablando sobre un asesinato. Un adolescente había golpeado a su madre hasta matarla, un adolescente de Bilbao, un adolescente de nombre Pablo. Tras matar a su madre el chico había desaparecido y nada se sabía de él.
Susana no volvió a llamar a Diego. Se quedo durante horas sentada en el sofá, con la mirada perdida, pensando porque querría un chaval decirle que acababa de matar a su madre. “¿Qué por qué? Tu misma lo dices en tu programa, cuéntamelo, cuéntame lo que sea” le dijo burlonamente una lejana voz.
jueves, 21 de enero de 2010
Nº 1: VOCES
-¡¡Callaos!!- Marco no paraba de revolverse en su camastro de tres al cuarto. Se retorcía. Gritaba en la oscuridad, en su completa soledad. Gritaba hacia ningun lado. Gritaba porqué escuchaba voces. Voces ininteligibles, voces mezcladas, tan mezcladas que no era posible distinguir ni una sola palabra. Pero no cesaban,no se iban, ¿por que no se iban?
Marco se levantó de su cama, ya no lo soportaba mas. Su habitacion era pequeña, pero el la consideraba acogedora. Dio un par de vueltas alrededor de su cuarto y volvio a sentarse sobre el borde de la cama.
-¡¡Callaos!! ¡¡Callaos de una maldita vez!!
No aguantaba más. No queria aguantar más y tomó una decision. Se levantó de su cama de nuevo y rebusco en su bolsillo derecho. No había nada. Frustrado, rebusco en el izquierdo y halló una pequeña cuchilla de afeitar, "Esto me servira" pensó. Se coloco de rodillas frente a su cama, apoyando el brazo derecho sobre ella, con la palma hacia arriba. Tomo la cuchilla con su mano izquierda y la apoyo sobre la muñeca de su mano derecha. Había llegado el fin, quería acabar con todo.
Durante unos minutos en los que un sobrecogedor silencio inundo su habitacion, recordo todos los momentos en los que había sido felíz. Momentos ahora lejanos, prácticamente muertos, pero no muertos del todo. Nunca morirían del todo, al igual que el sabia que nunca moriría del todo, porque viviría en el recuerdo y el recuerdo no es sino el verdadero cielo.
Sin mas preambulos, apreto la cuchilla contra su muñeca y puso fin a su amarga existencia, a su amarga habitación y durante unos segundos, antes de irse del todo, creyo ver una luz, reflejada en la pared. Aquella luz, fue lo ultimo que Marco veria en vida. Una luz de color verdoso, una extraña luz que se reflejaba en la pared de su habitacion.
-Señor
-¿Si?
-Se trata del chaval de la 205. Ha...muerto
-¿Qué? - El doctor Vázquez no daba crédito a lo que le contaba la enfermera Martín. Nunca había muerto nadie en su bloque, ¡Nunca!-¿Como ha sido? - pregunto ofuscado Vázquez.
-Sera mejor que lo vea usted mismo - contestó la enfermera.
Vazquez y la enfermera Martín se dirigieron a la habitación 205. Decidieron tomar el ascensor para lleguar antes. A la altura del segundo piso bajaron del ascensor y con un paso relativamente ligero,caminaron por un silencioso y lóbrego pasillo,que parecia no acabrse nunca. Ciertamente aquel lugar era extraño, realemnte extraño. La anormal quietud que reinaba en el pasillo llegaba a ser agobiante. A ratos parecia que estrechaba sus paredes, como si intentaran aplastar a quien se atreviera a caminar por alli. Sin mediar palabra, doctor y enfermera, llegaron rapidamente a la puerta de la habitación 205. Vázquez indicó gestualmente a la enfermera que abriera la puerta. Está, acató la orden sin rechistar. La puerta se abrió dejando ver la imagen que se ocultaba al otro lado. El suelo estaba manchado de sangre. Una ventana entreabierta servia de iluminacion. Las blancas paredes, deslumbraban fragmentariamente, allí donde se reflejaba la luz del sol otoñal. Habia un lavabo plateado en la esquina izquierda de la habitación, al lado de aquella cama de tres al cuarto y, alli, sobre la cama reposaba el cuerpo de Marco, pero algo se salia de lo habitual. Su cuerpo estaba tendido en el suelo, pero estaba... ¡Decapitado!. Su cabeza no estaba por ningun sitio, se habia evaporado, al igual que su vida.
-¿Donde, donde esta la cabeza? - pregunto Vázquez tapandose la boca, debido al terrible hedor.
-No lo se, señor
-¿Y ese polvo verde sobre la cama?
-No lo se señor
-Bale, saquémoslo de aquí
-Sera mejor que no lo haga
-¿Que ha dicho, señorita Martín? - pregunto Vázquez, perplejo
-No he dicho nada, señor
-Acaba de decir que sería mejor que no lo sacasemos de aquí - Vázquez estaba comenzando a ponerse furioso
-No señor, le juro que no - dijo la enfermera Martín, sorprendida
-Bueno es igual, me lo habre imaginado
Sacaron el cuerpo decapitado de la habitacion 205. La enfermera Martín cerro la puerta y aseguro la cerradura mientras Vazquez sujetaba el cuerpo sin cabeza de Marco por las axilas.
-¿Que ha dicho, señorita Martín? - pregunto Vázquez, cada vez mas perplejo
-Señor, no he dicho nada - contesto la enfermera. Estaba empezando a preocuparse por la salud mental de su jefe - no habra sido nada, sera mejor que se eche un rato - le recomendo la enfermera
-Si, sera mejor - acepto Vázquez -¿Te ves capaz de acabar con esto?
-Me las arreglare, señor - dijo la enfermera Martin con una sonrisa
-Bien, pues me voy - Vázquez no espero a recibir respuesta alguna de la enfermera y se dirigio hacia su despacho, con un leve zumbido en su cabeza. Era como un murmullo, "Es solo dolor de cabeza. Una aspirina, una siesta y listo" pensó.
El doctor Vázquez dormitaba sobre el camastro pleglable de su despacho, hasta que algo turbo su descanso. Aquel murmullo que habia escuchado antes en la habitacion 205 y que habia desaprecido, aparentemente del todo, volvió. Cada vez era mas fuerte, cada vez se escuchaba mas alto, mas alto. Tan alto que llegó a ser insoportable. Vázquez desperto empapado en sudor y escucho aquel murmullo, aquellas voces, que eran cada vez mas fuertes, cada vez mas fuertes. Ya nunca se apagarian...
Se incorporo quedando sentado sobre su cama con las piernas cruzadas. Despues se levanto de la cama y nunca mas volvió a dormirse.
Marco se levantó de su cama, ya no lo soportaba mas. Su habitacion era pequeña, pero el la consideraba acogedora. Dio un par de vueltas alrededor de su cuarto y volvio a sentarse sobre el borde de la cama.
-¡¡Callaos!! ¡¡Callaos de una maldita vez!!
No aguantaba más. No queria aguantar más y tomó una decision. Se levantó de su cama de nuevo y rebusco en su bolsillo derecho. No había nada. Frustrado, rebusco en el izquierdo y halló una pequeña cuchilla de afeitar, "Esto me servira" pensó. Se coloco de rodillas frente a su cama, apoyando el brazo derecho sobre ella, con la palma hacia arriba. Tomo la cuchilla con su mano izquierda y la apoyo sobre la muñeca de su mano derecha. Había llegado el fin, quería acabar con todo.
Durante unos minutos en los que un sobrecogedor silencio inundo su habitacion, recordo todos los momentos en los que había sido felíz. Momentos ahora lejanos, prácticamente muertos, pero no muertos del todo. Nunca morirían del todo, al igual que el sabia que nunca moriría del todo, porque viviría en el recuerdo y el recuerdo no es sino el verdadero cielo.
Sin mas preambulos, apreto la cuchilla contra su muñeca y puso fin a su amarga existencia, a su amarga habitación y durante unos segundos, antes de irse del todo, creyo ver una luz, reflejada en la pared. Aquella luz, fue lo ultimo que Marco veria en vida. Una luz de color verdoso, una extraña luz que se reflejaba en la pared de su habitacion.
-Señor
-¿Si?
-Se trata del chaval de la 205. Ha...muerto
-¿Qué? - El doctor Vázquez no daba crédito a lo que le contaba la enfermera Martín. Nunca había muerto nadie en su bloque, ¡Nunca!-¿Como ha sido? - pregunto ofuscado Vázquez.
-Sera mejor que lo vea usted mismo - contestó la enfermera.
Vazquez y la enfermera Martín se dirigieron a la habitación 205. Decidieron tomar el ascensor para lleguar antes. A la altura del segundo piso bajaron del ascensor y con un paso relativamente ligero,caminaron por un silencioso y lóbrego pasillo,que parecia no acabrse nunca. Ciertamente aquel lugar era extraño, realemnte extraño. La anormal quietud que reinaba en el pasillo llegaba a ser agobiante. A ratos parecia que estrechaba sus paredes, como si intentaran aplastar a quien se atreviera a caminar por alli. Sin mediar palabra, doctor y enfermera, llegaron rapidamente a la puerta de la habitación 205. Vázquez indicó gestualmente a la enfermera que abriera la puerta. Está, acató la orden sin rechistar. La puerta se abrió dejando ver la imagen que se ocultaba al otro lado. El suelo estaba manchado de sangre. Una ventana entreabierta servia de iluminacion. Las blancas paredes, deslumbraban fragmentariamente, allí donde se reflejaba la luz del sol otoñal. Habia un lavabo plateado en la esquina izquierda de la habitación, al lado de aquella cama de tres al cuarto y, alli, sobre la cama reposaba el cuerpo de Marco, pero algo se salia de lo habitual. Su cuerpo estaba tendido en el suelo, pero estaba... ¡Decapitado!. Su cabeza no estaba por ningun sitio, se habia evaporado, al igual que su vida.
-¿Donde, donde esta la cabeza? - pregunto Vázquez tapandose la boca, debido al terrible hedor.
-No lo se, señor
-¿Y ese polvo verde sobre la cama?
-No lo se señor
-Bale, saquémoslo de aquí
-Sera mejor que no lo haga
-¿Que ha dicho, señorita Martín? - pregunto Vázquez, perplejo
-No he dicho nada, señor
-Acaba de decir que sería mejor que no lo sacasemos de aquí - Vázquez estaba comenzando a ponerse furioso
-No señor, le juro que no - dijo la enfermera Martín, sorprendida
-Bueno es igual, me lo habre imaginado
Sacaron el cuerpo decapitado de la habitacion 205. La enfermera Martín cerro la puerta y aseguro la cerradura mientras Vazquez sujetaba el cuerpo sin cabeza de Marco por las axilas.
-¿Que ha dicho, señorita Martín? - pregunto Vázquez, cada vez mas perplejo
-Señor, no he dicho nada - contesto la enfermera. Estaba empezando a preocuparse por la salud mental de su jefe - no habra sido nada, sera mejor que se eche un rato - le recomendo la enfermera
-Si, sera mejor - acepto Vázquez -¿Te ves capaz de acabar con esto?
-Me las arreglare, señor - dijo la enfermera Martin con una sonrisa
-Bien, pues me voy - Vázquez no espero a recibir respuesta alguna de la enfermera y se dirigio hacia su despacho, con un leve zumbido en su cabeza. Era como un murmullo, "Es solo dolor de cabeza. Una aspirina, una siesta y listo" pensó.
El doctor Vázquez dormitaba sobre el camastro pleglable de su despacho, hasta que algo turbo su descanso. Aquel murmullo que habia escuchado antes en la habitacion 205 y que habia desaprecido, aparentemente del todo, volvió. Cada vez era mas fuerte, cada vez se escuchaba mas alto, mas alto. Tan alto que llegó a ser insoportable. Vázquez desperto empapado en sudor y escucho aquel murmullo, aquellas voces, que eran cada vez mas fuertes, cada vez mas fuertes. Ya nunca se apagarian...
Se incorporo quedando sentado sobre su cama con las piernas cruzadas. Despues se levanto de la cama y nunca mas volvió a dormirse.
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