lunes, 25 de enero de 2010

Nº5 (Relato largo): LA VISITA DE UN EXTRAÑO (2da parte)

-¿Y a que vinisteis? si saberse puede
-Vine, porque fui llamado por vos
-Permitidme dudar, buen hombre, si es que es usted un hombre, pero hace días que no hablo con nadie más que conmigo mismo
-Puede que sin darte cuenta, pidieras mi ayuda. Tranquilo, tan solo vine a decirte que no debes rendirte, pues descubrirás en días próximos que tu misión aquí es demasiado importante como para que no sigas adelante.
-Pero no entiendo que… - antes de que la frase de nuestro hombre hallara su terminación, por donde vino se fue, aquella aparición.

Aun pasmado, asustado ligeramente y confuso sobre todo, levantase nuestro hombre y sentose en el borde del camastro de donde hacia horas había caído. Y dije bien, horas. Sin saber cómo ni por que, al volver a mirar su reloj caído en suelo, vio impactado que ya eran más de las doce de la mañana.

La sucesión de extraños acontecimientos parecía haber cesado, cuando algo golpeo la ventana de su cuarto, haciendo que volviera a asustarse tanto que esta vez un grito ahogado se escapo de sus labios. Aunque el terror le hacía tiritar acerco se a la ventana y la abrió viendo al otro lado, descansando en el alfeizar, el cadáver de un pájaro, torcido el cuello y con un pequeño trozo de papel amarrado a su destrozada yugular.

Cogió la nota y la leyó atentamente, y decía así:

“Escribe. Es el momento. Ahora descubrirás…”

La nota estaba falta de un trozo, pero lo que había leído era suficiente como para que el deseo de escribir se hiciese tan grande que no pudiese evitar coger pluma y papel y comenzar a escribir, sin saber que, como hacia siempre. No consiguió, sin embargo, sacar nada en claro, por lo que aparco su pluma, su papel y su insaciable imaginación y decidió olvidar todo aquello que le paso, para volver a su rutina de rezar, esperar y soñar más de lo normal.

Pasaron noches y días, nubes, lunas y soles sin que nada raro pasase y comenzó a pensar, aquel pobre hombre que lo que vio no fue más que su infatigable imaginación haciéndole pasar un mal rato como ya había hecho en diversas ocasiones. Pero, tras semana y media de su visión, tuvo un sueño, dígase mejor una alucinación, pues fue uno de eso sueños que el tenia aun despierto, aun de día. Y en la silla se poso sin pararse a pensar porque y a escribir empezó sin saber lo que.

Primero, no fueron más que palabras inconexas, carentes de sentido alguno. Esto hizo que pensara en abandonar su nueva empresa, a pesar de haberla emprendido con enorme gusto. Pero leyó y releyó lo que escrito había y finalmente, agotada casi toda esperanza, consiguió hallar sentido a sus escritos.

Quedo impresionado de tal manera con su nuevo hallazgo que se desmayo y se dejo caer al suelo como un saco de patatas, provocando un ruido sordo, un estruendo estrepitoso. Después llego el silencio y tras el aquel hombre de los zapatos negros. Ya no sabía si estaba soñando o estaba despierto, o quizá soñase despierto como otras veces había hecho. Fuera de esta o de otra forma, el hombre de los zapatos negros seguía allí plantado frente a él.

1 comentario:

  1. me ha gustado el cambio entre esta parte y la anterior!está en verso!!me gusta!

    ResponderEliminar