miércoles, 24 de marzo de 2010

HISTORIAS DEL BARRIO

CAPITULO 1: EL PRINCIPIO

Poca gente piensa que sucedan cosas interesantes de contar en este barrio. Quizas esto no sea el Bronx, quiza no vivamos en un barrio tan marginal. Puede que esto no sea una fabela de Brasil o un pueblo africano. No somos pobres. Nuestra historia no es de pobreza. Nuestra historia trata sobre la avaricia, el desprecio, las falsedades y una adolescencia perdida en un mar de drogas y alcohol.

Si rascasemos la superficie de este barrio, veriamos que lo que aparentemente parece un barrio tranquilo, en realidad, es un nido de delincuentes. La diferencia es que por aqui, la delincuencia esta bastante encubierta, por que cuando alguien ve algo, prefiere callar.

Puede que otra de las razones sea que la policia no suele pasar mucho por aqui. De vez en cuando se ve un coche pasar. Pero nunca paran. No quieren arriesgarse. En realidad les importamos una mierda.

Por cierto, siento no haberme presentado antes. Me llamo Leo y soy, simplemente, un chico de barrio.

Naci hace dieciocho años en Bilbao. Poco a poco me he ido dando cuenta que si nadie cuenta las cosas que pasan aqui, es por que a nadie les interesa saberlas. Pero a mi no me importa que nadie lea esto. Simplemente necesito desahogarme de alguna manera y creo que esta es la mejor.

Voy a obviar mis diluidos recuerdos de la infancia y me tomare la libertad de empezar esta historia en 1997.

martes, 23 de marzo de 2010

Lightside

Arropado por un bosque que ya habia perdido todas sus hojas e iluminado por una luna a la que le gustaba jugar a esconderse entre las nubes de lluvia y tormenta, habia un edificio donde tan solo acudia la gente que no tenia masremedio. Aquella gente de la que se desconocia su final, por que nadie habia presenciado el principio y lo que veian les resultaba confuso.

La gente que estaba ingresada en Lightside, no estaba alli por gusto. Estaba alli por que tenia que estar. Solo estaban alli por ser manzanas podridas y afortunadamente Lightside se convirtio en cuestion de meses en una enorme cesta donde guardar todo el material podrido o inservivble.

El bosque que rodeaba Lightside habia perido todas sus hojas, por que ellas tambien querian escapar de aquel lugar. Nunca se veia al sol por aquel lugar. Siempre se escondia entre las nubes y cerraba los ojos hasta que desaparecia Lightside. En cierta ocasion, uno de los enfermos dijo haber visto el sol una mañana de noviembre, pero logicamente, nadie le creyo. A veces veian la luna, y auqnue esta fuese mas valiente, se escondia en cuanto podia por cualquier recoveco haciendo desaparecer a Lightside de su vision nocturna.

La gente que trabajaba alli, tan solo lo hacia por que nadie les habia querido contratar en otro lugar. Y los enfermos que ingresaban, tan solo tenian una certeza: jamas saldrian de Lightside.

Ocurrio que en el año de 1975, llegó a Lightside un inocente enfermo que hablaba poco y cuando hablaba no solia decir mas de tres palabras. Cuando los doctores le preguntaban el porque de su silencio, el tan solo decia que no tenia nada que decir. Aquel inocente muchacho, del que decian que sufria un trastorno de personalidad irreversible, se hacia llamar Vega. Nunca nadie supo si aquel era su nombre real, si se trataba de su apellido o de si realmente alguien podria llamrse de aquella manera. Pero tampoco nadie se lo pregunto, el dijo que se llamaba Vega y asi lo llamarian sin buscar mas explicaciones.

Lo que pocos imaginaban aquel oscuro dia de 1975, era que ese nuevo paciente, inocente y callado en apariencia, seria el enfermo mas dificil de tratar desde que Lightside fue fundado en 1795.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Nº 16: VUELVE

Trozos de cristal desparramados por un suelo encharcado. Fotos quemadas, empapadas en lagrimas. Un panorama desolador donde se respiraba dolor y olía a tristeza. Una mujer de pie deseando caer muerta. Parecía no haber otro modo de olvidarse de el. había pasado tanto tiempo con el que pensó que seria para siempre. ¡Déjame en paz, loca! ¡No vuelvas a llamarme! Pero solo quería hablar con el una vez mas.

Vuelve conmigo, gritaba en silencio. Su voz se había agotado hacía tiempo. Quizá fuese por eso por lo que llamar por teléfono no era el método mas adecuado para volver a contactar con el. No ofrecía respuesta. ¿Quien es? Silencio. ¿Quien es? mas silencio. ¿Eres tu otra vez? Ojala pudieras leerme la mente.

Alguien la había elegido a ella. La bruja le golpeó con su escoba de pequeña y desde entonces creyó estar maldita desde entonces. Hubo años en los que creía que la maldición había desparecido por completo. Pero volvió con mas fuerza, dejándola muda de golpe, sin mas ni mas sin saber como. dejándola sola, sin poder hablar siquiera consigo misma. La apartó del hombre que amaba. Nada peor para ella que la soledad total.

Noches y días lluviosos empapados en lagrimas. Ojos empañados que no dejaban ver. Vuelve conmigo, por favor. Había sido un cabrón. Te quiero, pero mi reputación se desmoronaría si se enteraran de que salgo con una muda de mierda. Ella no lo culpó nunca. Lo entendía, lo intentaba al menos y se decía a si misma que lo entendía.

Su casa se había convertido en un vertedero. Conteniéndola a ella. vagando sin rumbo, sin alma, sin ganas de mantenerse en pie. Había cuando se le ocurría dormir en el suelo. Nunca le dolia la espalda. Ya no le dolía nada mas que el corazón. Lloraba. Fuera llovía y dentro también. llovían lágrimas. Mojado el suelo, las fotos. Se habia golpeado la cabeza contra la ventana de su habitacion buscando la muerte. Inconsciente. Tan solo hallaste la inconsciencia. Dentro de poco despertaras y cuando lo hagas de nuevo lagrimas. Paquetes de pañuelos usados. Papeleras llenas, nunca se vaciarían Vuelve, ¡Oh Dios! ¡Olvidate! Nunca volvera.

sábado, 20 de febrero de 2010

Nº 15: FRÍO

Como en aquellas noches que recordaba lejanas, perdidas en el horizonte, abocadas al abismo más oscuro y espectral. Pensamientos danzando en su cabeza al son de una melodía macabra. Como en aquellas noches, hacia mucho frio.

Era la más fría y húmeda, la noche más horrible y agonizante de las que le había tocado vivir hasta aquel momento. Pero aun así, había una luz que le guiaba, algo por lo que luchar. Era lo único que le quedaba en aquel infierno de hielo. Y lo que le quedaba era la libertad, aunque el calor del cautiverio lo llamaba desde lejos con su canto de sirena y en su cabeza se dibujaban pensamientos que lo incitaban a regresar. "De todas formas, acabas de huir de un manicomio, si te entregaras de nuevo te acogerían con los brazos abiertos" le decía una voz. Algunos preferían llamarlo "centro de salud mental" pero Benjamín no quería llamarlo de ninguna manera, solo quería olvidar que alguna vez, no hace mucho, el estuvo recluido allí.

La huida le costó menos esfuerzo de lo que había calculado. Una vez fuera de aquel horrible lugar, donde cada noche un hombrecillo bajito y calvo de mirada penetrante y voz irritante caminaba sin cesar, intentando vigilar algo, una vez fuera de allí ya no sabía qué hacer. Estaba confuso. Su libertad le recluía en el frio, la incertidumbre y el no saber si vería otro amanecer. Las horas pasaban lentamente, riéndose de Benjamín cada vez que consultaba su reloj de pulsera.

Tenía hambre. Sus esfuerzos para escapar de allí, aunque leves, habían supuesto un gasto de energía considerable. No había nada que comer, solo un bosque que cruzar y después sueños de invierno, alguna civilización, una casa donde comer y dormir, solo sueños de aquel invierno y nada más. Fantasías de una mente enfebrecida y ofuscada con el mundo que le rodeaba, que no le dejaba sentir más que pena y dolor. Sufrimiento manchado de sangre, días grises más negros que blancos y noches frías y húmedas como el hielo, en las que costaba respirar. Cortando su cuello a los compas de los latidos de un corazón destrozado, sin pedazos que juntar, los pedazos de aquel destrozado corazón también se rompieron y era imposible reconstruir un corazón tan olvidado por el amor.

Sentado frente al bosque que debía cruzar, apoyado contra una roca reposaba el cuerpo de Benjamín. Hacia más de una hora que no se movía y no lo haría nunca más. Sus sueños antaño trabados, ahora se cumplirían y una vida llena de penurias y el más angustioso sufrimiento, quizás le reportara la alegría mas absoluta una vez se marchase de allí.

Observo su congelado cuerpo durante unos instantes y después se encamino hacia su autentica libertad. Ahora sí, era libre. Lo único que le privaba de una vida libre y feliz era la propia vida, su vida. Ahora sí, era libre, la muerte le otorgo aquella libertad que durante tanto tiempo anhelo y dibujo la felicidad en un rostro marchito, para que Benjamin nunca más dejase de sonreír.

viernes, 12 de febrero de 2010

Nº 14: ENCERRADOS

-¿Otro mas? – pregunto Dana
-Si, ya es el ultimo - contesto Jon
-¿Seguro? – Dana parecía muy decepcionada. Estaba sentada en su roído sillón verde, desgastado por el irremediable paso del tiempo.
-Seguro, no te preocupes lo tengo todo controlado – le dijo Jon, con una expresión de indiferencia mientras daba otro sorbo a su café
-Como puede ser que los otros, que los primeros….
-La desesperación hace que tomes decisiones equivocadas
-Pero ya se han equivocado varias veces, ¡Por Dios! Se ha equivocado cientos de veces y…
-¿Cómo va eso chicos? – La atractiva Sarah interrumpió la conversación. Era una mujer rubia, bastante alta y muy bella. Aunque solo fuese en apariencia ya que su belleza interior estaba completamente desgastada.
-Igual que ayer, y seguramente igual que mañana – dijo Jon
-Puede que este sea el momento de acabar con esto de una vez – Sarah parecía ofuscada - Llevamos ya varias semanas con esto y no hemos obtenido ningún resultado
-Puede que tengas razón – dijo Dana – además nuestros “colegas” no nos dejan en paz
-¡No! – Grito Jon – Se que la gente no entiende nuestra “labor”, pero tenemos que tener fe en nuestro trabajo y en nuestro destino, nosotros vinimos a este mundo para hacer esto
-Pero sabes que esto no es considerado un trabajo por la mayoría de la gente – le dijo Sarah
-Lo sé, pero debemos creer en nosotros mismos, somos “elegidos”
-En realidad, sabes que hacemos esto por gusto, porque somos unos depravados, aunque al menos, tenemos la capacidad para admitir que lo somos, pero aun así no dejaremos de serlo, y a los ojos de los demás…– decía Dana
-¡Me importa una mierda lo que digan los demás! ¡Tú harás lo que yo te diga! – Jon se marcho de la habitación dando un fuerte portazo, muy enojado.
-Creo que no puedo seguir con esto – Dana se derrumbo y comenzó a llorar, mientras su madre, la abrazaba.
-Pero no podemos hacer nada, tu padre tiene razón, algún día lo entenderás y entenderás que nuestra labor es importante
-Pero lo que hacemos está mal, mama, tú lo sabes. Solo sigues haciendo esto porque eres demasiado cobarde para decirle a papa que esta…
-¡Basta! ¡Cállate de una puta vez! ¡Vete a tu habitación, estas castigada! – Dana salió corriendo de la habitación, escapando de los gritos y del horrible gesto de enfado de su madre. Segundos después, Jon volvió a entrar en la habitación, aparentemente más calmado
-¿Qué ha pasado? – le pregunto Jon a su esposa
-Ha vuelto a hacerlo – le contesto Sarah
- Si, no acaba de entenderlo, ¿crees que deberíamos hacer algo?
-No, no debemos hacerle nada a ella, no a Dana no, es nuestra hija.

Dana estaba tendida boca arriba en su cama con los ojos enrojecidos y la mirada perdida en el techo de su habitación. Nunca había entendido lo que hacían sus padres, pero les apoyaba inducido por una fuerza que no lograba comprender. Aunque no creyera completamente en ellos, eran sus padres y sabía que debía apoyarlos.

A varios kilómetros de allí un hombre despertaba en una lúgubre habitación atado por los pies, sin recordar cómo había llegado hasta allí. Un fuerte dolor de cabeza le hacía fruncir el ceño y a duras penas podía vislumbrar algo. Cuando empezó a acostumbrarse a la tenue luz que iluminaba débilmente la estancia logro distinguir dos sombras que se movían delante suyo, una de ellas parecía mirarle.
-Por fin te has despertado, dormilón – dijo la desconocida sombra
-¿Quién es usted? – pregunto David, confuso y todavía un poco atontado
-Creo que ese dato es completamente irrelevante en estos momentos, amigo
-¡No me llame amigo!
-De acuerdo, enemigo mío, pero tranquilícese
-Si, tranquilízate, porque ya tendrás tiempo de ponerte nervioso y desesperar – una tercera persona tomo parte en la conversación. Era ligeramente más bajo que la persona que le había hablado en un primer momento
-¿Dónde estoy? ¿Qué pasa?
-Ojala lo supiéramos – dijeron las dos sombras al unisonó
-Mira – una de las sombras, la más bajita, comenzó a hablar – llevo aquí dos semanas y todavía no se qué hago aquí, que es este lugar, quien me trajo o como llegue, asique si tú supieras algo de eso, tendría ligeras sospechas sobre ti – hizo una pausa – un día, hace una semana más o menos, me desperté y el – señalo a la otra sombra – estaba tumbado junto a mí, dormido como un tronco
-Y hoy –la otra sombra continuo la explicación – cuando nos hemos despertado, tú estabas ahí tumbado, dormido como un tronco
-Pero no entiendo nada
-Ninguno entendemos nada – la sombra bajita comenzó a hablar de nuevo – ni como hemos llegado, ni donde estamos, ni quien nos trajo aquí
-Pero quizá lo peor – la sombra más alta tomo la palabra – sea que no sabemos cómo salir de aquí. Además estamos casi seguro de que no estamos solos. Puede que estemos paranoicos, pero estamos casi seguros de que alguien nos está observando.
-Eso no son más que tus tribulaciones – dijo la sombra bajita – no estamos seguros

-Mira, se ha despertado el último – dijo Sarah
-Bien – Jon sonrió.

jueves, 11 de febrero de 2010

Nº 13: EL HOMBRE DE NEGRO

En el exterior nevaba. La tormenta era cada vez más intensa y hacia que el cielo nocturno se iluminara por momentos. Lucas no recordaba una tormenta tan brutal. El sonido de los truenos enmudecía el televisor y casi como un resorte Lucas salto con aquel ultimo trueno, el que había sido más fuerte que todos los anteriores.

Se estaba quedando dormido, pero aquel último trueno lo despertó del todo e hizo que volviera a la realidad. En el televisor un hombre mostraba a cámara un cuchillo del que decían que cortaba todo lo que se propusiese. Miro el reloj. Eran más de las dos de la madrugada de un lunes de septiembre y aun seguía buscando un camino que recorrer.

Su curiosidad le llevo a asomarse por la ventana de la sala de estar. En el exterior nevaba. La tormenta era cada vez más intensa y hacia que el cielo nocturno se iluminara por momentos. Aquellos truenos eran como de fuego y los relámpagos conseguían convertir la nocturna imagen de la ciudad en un día soleado durante unos instantes. Eran tan fuertes que cegaban.

Se quedo mirando por la ventana, ensimismado con las más insignificantes minucias. Había adquirido la capacidad de sacarle el lado entretenido a todo. Su infinita e inagotable imaginación, le hacía viajar por insólitos parajes, aunque su cuerpo no se moviese de allí. Imagino montañas nevadas, bosques blancos, tan blancos como la leche, los copos caían sin cesar y el era feliz, en todos sus viajes era feliz.

Algo llamo su atención al otro lado de la ventana, algo que lo saco de su viaje. Allí, en el exterior, vio a un hombre que permanecía quieto en medio de la helada carretera, que serpenteaba, flanqueada por dos aceras y otras tantas hileras de coches. Iba vestido completamente de negro, con un viejo gabán y un sombrero de copa que cubría su cabeza. No se movía, parecía estar esperando algo. De repente aquel extraño hombre, abrió sus brazos y levanto su vista al cielo, dejando caer al suelo su sombrero de copa. La nieve le golpeaba la cara. Lucas escucho en ese momento la voz del hombre, pero no pudo distinguir palabra alguna. Se cayó por un momento y siguió allí quieto durante varios instantes, con los brazos en cruz y mirando al cielo. Luego cerro sus brazos con un movimiento rápido se giro, recogió su sombrero del suelo, se lo puso de nuevo y comenzó a ascender por la carretera en dirección a la casa de Lucas. Este, lo siguió con la mirada hasta que su figura quedo tapada por el propio bloque de pisos donde residía nuestro amigo.

Corrió entonces hacia la ventana de la cocina, que daba al lado opuesto de la calle. No sabía porque, pero aquel hombre ejercía una especie de fuerza sobre el que le obligaba a mirarlo. Una atracción completamente hipnótica.
Observo desde la otra ventana que aquel hombre se acercaba decidido hacia su portal. Observo que entraba en el portal, como si viviera allí dentro, ¿Vive aquí? Se pregunto Lucas. El nunca lo había visto y seguramente se hubiese fijado en un vecino de aspecto tan curioso.

Se aparto de la ventana de la cocina y sin pensárselo dos veces, apretó su cuerpo contra la puerta de la entrada, abrió la mirilla y cerro un ojo para observar mejor con el otro a través de ella. Fuera vio que la luz del rellano estaba encendida y escucho unos pasos que subían. El hombre vestido de negro estaba utilizando las escaleras. A pesar de su aspecto, más bien anciano, utilizaba las escaleras.

El corazón de Lucas comenzó a latir cada vez más fuerte, sentía que iba a salírsele del pecho. El hombre se estaba acercando, su corazón latía cada vez más fuerte, los pasos cada vez más cercanos y Lucas notaba que estaba empezando a marearse.

Y de pronto el hombre cruzo por delante de su puerta. Lucas intento verle la cara, pero aquel sombrero de copa que portaba le cubría la cara casi por completo. Tan solo pudo ver una larga barba blanca, bajo una nariz afilada. Pero sus ojos permanecían ocultos en la sombra que creaba el sombrero.

Fueron escasos segundos, algo fugaz. Lucas ni siquiera pudo distinguir su cara, pero sintió miedo. Miedo a lo desconocido, miedo hacia aquel extraño hombre…

miércoles, 10 de febrero de 2010

Nº 12: LA ESCALERA

Su vista se esclareció y miro hacia el techo, hacia mucho frio. Nunca hacia frio allí, pero aquel día era casi insoportable. Incorporándose golpeo con su brazo derecho un vaso de agua que reposaba sobre la mesita de noche, derramando por la moqueta el agua que contenía. Se quedo mirando el vaso durante unos segundos antes de afanarse en recogerlo y volver a colocarlo sobre la mesita.

Se puso en pie y se estiro al tiempo que bostezaba, haciendo que sus huesos se desentumecieran. Salió después de su habitación pero no se dirigió hacia el baño, tan solo quería ir a la cocina para beber un vaso de agua y regresar a la cama. No tenía nada que hacer aquella mañana, asique decidió dormir hasta que no pudiera mas, pues había tendió una semana muy estresante y quería encontrarse completamente relajado.

Cruzo el salón adormilado y mirando el suelo por el que caminaba. La sala era de un tamaño considerable, con unos amplios ventanales que daban a la calle, un sillón para tres personas estaba agolpado contra la pared de la izquierda y otros dos individuales daban la espalda a las ventanas. Frente al sillón grande había una mesita con cajones, sobre la que se encontraba una tele de color plata. La tele estaba flanqueada a ambos lados por estanterías repletas de libros de toda clase, novelas, ensayos, libros recopilatorios de relatos, libros de texto sobre medicina, ciencia, historia y un largo etcétera.

Diego entro en la cocina frotándose los ojos y se dirigió hacia el fregadero donde se encontraban los vasos limpios. Cogió uno y lo examino para cerciorarse de que estaba completamente limpio. No se fiaba de haber dejado todo completamente limpio la noche anterior, pues antes de cenar estuvo fumando marihuana y tras la cena, cuando le toco fregar, aun estaba bastante aturdido y limpio todo con rapidez para meterse en la cama lo antes posible.

Sus sospechas eran correctas. El vaso que cogió tenía una mancha de tomate en la parte inferior, lo extraño es que la mancha estaba por dentro y no por fuera como debería estar al haber apoyado el vaso sobre un palto manchado de tomate. Pero no le dio más vueltas a aquel detalle, limpio el vaso, cogió una botella de la nevera, llenó el vaso de agua y se la bebió de un trago. Volvió a rellenarlo una vez más y esta vez le hicieron falta tres tragos para terminárselo.

Aclaro el vaso y volvió a dejarlo en el fregadero. Salió de la cocina para dirigirse de nuevo a su dormitorio, pero ya se había despabilado y sabía que no volvería a encontrar el sueño aquella mañana de verano. Optó entonces por sentarse en su sillón favorito, uno de los individuales y mirar la tele durante un rato antes de desayunar.

Mientras se dirigía hacia el sillón, vio algo que hizo que se despertara de golpe. Al lado de su sillón favorito, que era lo primero que compro cuando se mudo a su nuevo hogar y del que guardaba gratos recuerdos, bien solo o acompañado, había una especie de agujero. Dejo a un lado el interrogante de cómo demonios había ocurrido eso y se acerco al agujero, muy asustado, esperando encontrar cualquier cosa, aunque en su fuero interno sabia que a través del hueco seguramente vería la casa de su vecino de abajo y le preguntaría furioso como había ocurrido aquello. Pero no fue así.

A través de aquel agujero, que era considerablemente más grande de lo que Diego había pensado en un primer momento, pudo ver unos escalones que descendían, uno, dos tres, cuatro escalones y después…el abismo, la oscuridad total, pero ¡Que demonios! exclamó en voz alta.

Se quedó allí mirando aquello, dejando que su vista se perdiera en la oscuridad de aquel agujero, olvidándose por completo del televisor, de su sillón, de la sala, de su casa. Se quedó allí, hipnotizado, observando la oscuridad…

martes, 9 de febrero de 2010

Nº 11: NOCHES DE SEPTIEMBRE

La mañana del veintisiete de septiembre del año 2013, Daniel Carrillo se despertaba como cada mañana a las siete para ir a trabajar. Abrió sus pequeños ojillos y vislumbro el techo de su ordenadísima habitación. Le gustaba tener ordenado, todo atado y bien atado. Cuando recobro la noción del tiempo y de la realidad, se incorporo y hecho un vistazo a su cuarto. Todo estaba bien ordenado. Era un cuarto sobrio, tan solo dos muebles, una mesa y una estantería de tamaño importante, servían de decoración. Una ventana doble dejaba entrar la luz del mañanero sol de aquel septiembre.

Sin más dilación, se levanto de la cama y dirigió su enorme y gorilesco
cuerpo hacia el lavabo, que se encontraba enfrente justo de su habitación. Sabía que no debía hacer mucho ruido, pues su compañero de piso, Miguel aun dormitaba en la habitación que se encontraba a la derecha del baño. O eso fue lo que él pensó, pues se sorprendió mucho al cruzar el angosto pasillo y ver que la puerta de la habitación de su compañero estaba completamente abierta. Su cara apareció, con un gesto de curiosidad en el umbral de la puerta de la habitación de Miguel, intentando pillarle y preguntarle que hacia levantado a esas horas. Pero no había nadie. La cama de Miguel estaba deshecha y su habitación estaba bastante menos ordenada que la de Daniel. Se sorprendió de que su compañero no estuviera durmiendo, ya que acostumbraba a dormir hasta las doce, se sorprendió de que no estuviera en casa, pues Miguel acostumbraba a salir de casa casi cuando caía la noche, para ir a trabajar como hombre de seguridad en una discoteca de la localidad. Pensó que algo le debía haber pasado y no le dio más importancia en ese momento.

Entro en el servicio y tras abrir el grifo del lavabo, observo su reflejo en el espejo mientras el agua corría sin oposición. Allí, había un hombre de aspecto joven y un tanto peculiar. Tenía unos pequeños ojos, casi achinados, colocados perfectamente en una cara que parecía pertenecer a una de esas estatuas griegas de ángulos perfectos. Una nariz aguileña reposaba sobre una boca de labios carnosos, y todo eso le otorgaba una expresión peculiar y ligeramente intimidante, ya que su cuerpo era tan grande y musculado que casi parecía grotesco.

Se lavo la cara e intento recordar que había hecho el día anterior, aun preocupado por su amigo Miguel. Se preguntaba si lo había visto el día anterior, pues era cierto que muchos días, e incluso semanas, aunque en contadas ocasiones, no se veían el uno al otro a pesar de vivir en la misma casa. Intento recordar, pero no recordaba nada. Había una laguna en lo más profundo de su mente que crecía, a pasos agigantados, como la mala hierba. Decidió no comerse más la cabeza y regreso a su habitación para ponerse sus roídos pantalones de chándal e ir a desayunar. Rebusco en su armario y al fin hallo sus pantalones, se los puso y se detuvo, otra vez a observar su habitación. Su vista se detuvo en el calendario de forma triangular que reposaba sobre la cama. Daniel acostumbraba a tachar los días que ya habían pasado, y rodeaba aquellos que eran, fueron o según sus no siempre acertadas deducciones, serian buenos. El último día tachado era el veintitrés de septiembre, 2013… “Quien fue el estúpido que les dijo a los mayas que el mundo se acabaría en 2012” pensó, al tiempo que sonreía.

Reanudo su camino hacia la cocina con la esperanza de encontrar algo decente que desayunar y lo encontró en el primer armario que abrió, “Aun, cereales” se dijo, haciéndosele la boca agua.

Dejo el paquete de cereales sobre la mesa y enchufo la vieja, aunque no obsoleta radio que le había legado su padre antes de morir. No se oía nada, “Que extraño” pensó. Intento varias veces sintonizar algo, alguna emisora, pero no se escuchaba nada claro, solo un rugido sucio, lo que sería la llamada nieve que se ve en la tele cuando no hay ningún canal sintonizado.

Ceso en su intento de encontrar alguna emisora disponible. Cada vez estaba más perplejo y ahora si estaba empezando a preocuparse…

jueves, 4 de febrero de 2010

Nº 10: SOLO

El invierno había caído hacia ya unos días. La nieve cubría su casa, su jardín, los antiguos lugares en los que jugaba y reía con su familia y que ahora le parecían tan fríos y distantes como el propio invierno.

Sentado en el viejo sillón de la salita de estar, recordaba momentos vividos, sabía que si había algo en el mundo que nunca podrían quitarle, eran esos recuerdos. Ya le había quitado todo lo que más quería, a su familia y a su novia. Le habían quitado a su padre cuando era el único que le quedaba. Fue fusilado aquel septiembre que nunca olvidaría y desgraciadamente, no por haber sido uno de los mejores de su vida.

Tras pasar tanto tiempo encerrado, comiendo lo que nunca hubiera jurado que comería, y tan solo porque el hambre siempre le ganaba la partida, tan solo porque sabía que si jugase a ganar con el hambre, la muerte lo esperaría después y no podría ganar a los dos, nadie podría. Aunque hubo quienes lo intentaron, todos fracasados, todos muertos.

El había burlado a la muerte tantas veces que en ocasiones llego a pensar que ya estaba muerto, pero esa idea se borraba rápidamente de su cabeza al recorrer con su mirada el desolador panorama que le rodeaba y convencerse a si mismo que aquello no podía ser el cielo, ni siquiera el infierno, porque era peor que el infierno, estaba seguro.

Y después de tanto dolor, pena y sufrimiento, había regresado a casa, pero ya no había nadie allí, tan solo estaba él, él y su dolor, él y su pena, el, solo él. Recordó como había llegado hasta allí. Lo habían capturado junto a su padre y los enemigos, se disponían a darles muerte a los dos con sendos y certeros disparos de sus rifles. Sin que nadie hubiera reparado en ello, el se percato de que la soga con la que le habían atado pies y manos no estaba lo suficientemente ajustada. Aprovecho un momento de confusión entre los soldados enemigos y antes de que le colocaran la capucha en la cabeza se soltó con maestría y salió huyendo despavorido de allí, dejando atrás a su padre, atónito y aun pudo ver como una bala cruzaba su cabeza.

Recorrió varios bosques, tuvo que cruzar ciénagas y lodazales y buscar cobijo en las cuevas que hallaba cruzando las altas montañas. Siempre alerta y durmiendo con un ojo abierto. Durante semanas, se alimento de los pocos animales que cazaba y pescaba y de las frutas que lograba alcanzar.
Un día, diviso en la lejanía una granja, apartada del mundo y aparentemente deshabitada, pero se llevo una enorme sorpresa al ver que allí residía un antiguo militar del ejército enemigo. Le conto su historia, su viaje, y el antiguo soldado, que había jurado que ya nunca volvería a matar a nadie más, y que estaba intentando limpiar su alma realizando buenas acciones le acogió en su casa, dándole comida y cama durante otras tantas semanas, a cambio de su trabajo y esfuerzo físico.

Nunca olvidaría la mañana en la que el soldado lo despertó diciéndole que todo había acabado y que podía regresar a su casa, nunca olvidara aquel momento en el que no pudo dejar de soñar con volver a su familia, pero al regresar a su hogar, tras despedirse del antiguo militar, sus sueños se destrozaron al ver que tan solo quedaba él.

Pero nunca se rindió, nunca pensó en dejarlo todo y poner fin a su vida, continuo luchando y siguió viviendo en la casa donde desde pequeño había vivido, donde había crecido junto a su familia, que realmente nunca se fue del todo, pues durante muchas noches, sus hermanas y su madre le visitaban y él hablaba con ellas. Pero su padre nunca apareció. No sabía si eran sueños, o era la realidad, o una mezcla de las dos, ideas de su cabeza, que tan solo aparecía en aquellos días en los que no hallaba por ninguna parte la manera de dormir, pensando siempre en su padre, al que había abandonado allí, al que había visto morir, pero “¿Qué podía hacer yo?” se preguntaba a medianoche, “yo hice lo único que pude hacer, salvar mi vida…” y quizá tuviese razón, pero a pesar de rezar a dios, de intentar contactar con su padre de mil y una maneras, este siempre se negaba a aparecer y cuando preguntaba a sus hermanas o a su madre por él, siempre le decían “El ya no quiere verte, lo siento”.

Muchas noches, mientras sollozaba con la cara aplastada contra la almohada, rogaba a dios que cumpliera el único deseo que jamás le había pedido, pero su padre nunca apareció.

martes, 2 de febrero de 2010

Nº 9: ¿RECUERDAS?

Para alguien especial:
Hubo un tiempo en el que lloraba por conseguirte, y cada día que pasaba sentía que te tenía más cerca, pero nunca te atrapaba, a veces por ti y otras por mí. Me tumbaba en la cama pensando en todo aquello que había fallado y me prometía que no volvería a cometer los mismos errores, pero seguí haciéndolo.

Hasta que un día te conseguí y ni siquiera yo sé cómo ni porque volví a perderte. Pero tú me querías de verdad, lo sabía y supe que me darías otra oportunidad, aunque nunca me lo dijiste. Así fue como te conseguí de nuevo y me jure que ya nunca mas volvería a pasar nada que nos separara. Pero hay cosas que ni yo nadie puede controlar y paso lo que tenía que pasar.

Quizás sea verdad lo que todo el mundo decía, que no estábamos hechos para estar juntos, aunque tus amigas decían que hacíamos buena pareja, pero en realidad sabían que no duraríamos ni un verano.

Y cuando volví a perderte, tú rehiciste tu vida, intentando olvidarme y muchas veces creía que lo habías conseguido aunque sé que nunca sabré si me equivocaba o no. A mí me costó muchísimo olvidarte, más de lo que nunca hubiera imaginado. Durante años, volvía a ver aquellas imágenes, aquellos momentos en los que nos abrazábamos y mirábamos las estrellas juntos, en los que yo hacía como que sabia todas las constelaciones y te explicaba conjuntos de estrellas que ni siquiera existían, pero lo hacía solo porque verte sonreír era lo que me devolvía el aire que me robaba tu mirada, ¿Recuerdas?

Aun hoy, tantos años después sigo queriéndote como el primer día, pero volver a estar junto a ti es solo un sueño que a veces se convierte en pesadilla y no puedo escapar de ti.
Sé que nunca leerás esta carta, pero solo la escribo para desahogarme y… si da la casualidad de que la lees algún día, por favor, no me lo digas, ni siquiera está acabada, simplemente he puesto lo primero que me ha salido.
Te quiero, siempre.
Marcus

Dana releyó la carta por dos veces, sin poder creerse lo que estaban viendo sus ojos. Aquel chico por el que suspiro tantos años y que la había usado y después la había tirado, el chico al que a pesar de todo lo que le hizo volvió a ofrecerle otra oportunidad, en realidad la quería más de lo que nunca le demostró y puede que por eso ya no estuviesen juntos.

Dejo la carta dentro de la caja de donde había salido. Estaba a ayudando a Marco a hacer al mudanza. Marco había entablado una relación con una nueva chica y ahora Dana era una de sus mejores amigas.

Como buena amiga no dudo un momento en ayudarle en hacer la mudanza, en realidad le debía muchas cosas y muchos momentos. Cogió otra caja y la metió en el camión. En ese momento Marcus salió de la casa que iba a abandonar y dejo un caja en la entrada, Dana se quedo mirándolo desde la parte trasera del camión. Este se dio cuenta y la miro durante unos segundos, pero volvió a introducirse en la casa.

Dana estaba hecha un lio, aun le costaba comprender todo lo que estaba pasando. Volvió a recordar todos aquellos momentos que vivió junto a Marcus. Recordó una de esas noches en las que observaban las estrellas sin que ninguno de los dos supiera cual era cada constelación.
Y se quedo allí sentada en el borde de la parte trasera del camión, con la mirada perdida.

-¡Hey, Dana! Vamos, despierta, ya quedas poco, luego podrás descansar – Marcus el saco de su ensoñación. Ella pensó en preguntarle tantas cosas, quería hablar con él, incluso sintió el deseo de besarle y poner a fin a su relación y a la de Marcus, pensó en que las cosas volverían a ser como antes. Pero ya nada volvería ser como fue.

-Si, perdona, solo estaba pensando – dijo Dana, sonriéndole.
-Ay…en que estarás pensando… - dijo Marcus con un tono bastante peculiar
-En…nada, cosas mías – contesto Dana, y metió otra caja en el camión.

jueves, 28 de enero de 2010

Nº 8: UN DIA DE SUERTE

Lo malo es que todo sigue igual. Las cosas no cambian para nadie. Hoy en día solo unos pocos afortunados pueden considerarse afortunados y Adrien no era uno de esos. No era un afortunado porque todo lo que intentaba le salía mal. No era un afortunado por tener que levantarse todos los días a las siete para ir a trabajar. No era una afortunado porque no tenía coche y tenía que coger el autobús todas las mañanas “¡Oh dios, odio el transporte público!”.

Pero así es la vida amigo, algunas personas están destinadas a ser infelices, unos fracasados en la vida y en el trabajo. Aunque ocurre que, a veces, esas personas son tocadas por una varita mágica. Alguien decide ahí arriba que ya está bien de pasarlo mal, “¿Por qué yo y no otro?”, oye guapito, ya tienes lo que querías, no hagas más preguntas.

Esta es la corta y resumida historia, el desagradable cuento con final feliz de Adrien Cotillard.

Adrien Cotillard amanecía cada mañana a las siete de la mañana. Salía de su pequeña casa, que no era más que un cutre y diminuto estudio, para dirigirse a un trabajo que no le gustaba nada, pero que al menos le daba de comer. Y cada día, soñaba con ser algún día director de cine, pues era el cine su mayor afición desde pequeño. Como su sueldo no le daba para comprar un coche en condiciones, tomaba el transporte público, que odiaba más que su trabajo. Caminaba durante veinte minutos para llegar hasta la fábrica donde trabajaba, la cual estaba semi-escondida en un bosque. Cruzaba un barrizal, un rio, un trozo de bosque. Cada día era una aventura, pero a Adrien dejaron de hacerle gracia las aventuras hace tiempo.

Cuando llegaba a la fábrica, maldecía a sus compañeros que llegaban en coche. Un coche que habían comprado con su sueldo, porque ellos eran realmente importantes en aquella fabrica. En cambio, Adrien, solo era el chico de la limpieza. Y era el chico de la limpieza en aquella fábrica, porque aquella fábrica fue la única que quiso contratarle, teniendo en cuenta sus numerosos defectos. Realmente, en aquella fabrica, nadie conocía todos los defectos de Adrien, nadie conocía todos sus “secretos”, pero si los más llamativos. Y es que dejando a un lado su calvicie y su horripilante blanquecina piel, Adrien era tartamudo, sufría de párkinson y de una ligera cojera que le obligaba a detenerse y tomar aire cada tres pasos.

Con todos esos defectos entraba a trabajar cada día con una sonrisa, forzada en muchas ocasiones. Limpiaba, ordenaba y relimpiaba todo lo que debía y lo que no debía porque en realidad trabajaba más de lo que tenía que trabajar y cobraba menos de lo que tenía que cobrar. Pero si hacia horas extras no era porque fuese una dicto al trabajo, era porque no quería que llegara el momento de regresar a casa y lamentarse por su desdichada vida mientras miraba el televisor hasta las tantas.
Un día, su pésima suerte cambio de golpe. El salió de la fábrica el último, como cada día. Como sus compañeros le consideraban un apestado nadie le acercaba a casa y le tocaba cruzar el bosque, el barrizal y el rio para llegar a la parada del autobús, en ocasiones con tan mala suerte que el ultimo bus ya había pasado y tenía que quedarse esperando el siguiente durante horas. Pero ese día ni siquiera tendría que llegar a la parada del autobús.

Decidió, por primera vez, sentarse en una roca que había a la orilla de aquel rio, para pensar. Por su cabeza se pasaban muchas frases, muchos recuerdos, muchas palabras. Recordaba a su familia, la cual había muerto casi por completo, y los que no estaban muertos no querían saber nada de él.

De pronto escucho una voz “Adrien…” ¡Alguien le llamaba! Al principio confundió aquella voz con sus pensamientos, pero la voz insistía y cada vez la sentía más cercana.

-Adrien… - alguien lo llamaba. Estaba detrás de él. Adrien se giro, al principio muy asustado, pero como hacía tiempo que pensaba que las cosas ya no podían irle peor, su miedo y su vergüenza casi habían desaparecido por completo.

Detrás de él había un hombre negro, vestido con un esmoquin blanco, de pelo canoso y una brillante barba blanca. Le sonreía y le miraba de una manera muy amable y muy peculiar a la vez. Adrien se sintió feliz por primera vez en mucho tiempo.

-¿Tu eres Adrien, no? – le dijo el señor de blanco. Adrien solo acertó a decir un monosílabo.
-Si – dijo.
-Bueno, veras Adrien – el hombre se aclaro la garganta al tiempo que se sentaba junto a Adrien en la roca. Este ni se inmutó – seguramente te estés preguntado quien soy, que hago aquí, si voy a hacerte daño…deja todas esas preguntas a un lado – el hombre seguía hablando mientras le sonreía – lo que importa es que estoy aquí, porque alguien ha decidió que ya lo has pasado mal durante demasiado tiempo – Adrien iba a hablar, pero el hombre de blanco le indicó con un leve gesto que no lo hiciera – déjame acabar. El caso es que, esto se ha acabado. Tu triste vida, ahora será feliz, tú serás feliz. Pero tienes que prometerme una cosa si quieres que te conceda este deseo
-Lo…lo que s…sea- dijo Adrien
-Tienes que prometerme que intentaras ser tan bueno como lo has sido hasta ahora, quiero decir que no te corrompas nunca, porque eres puro y necesito que lo sigas siendo, ¿Lo harás? – le pregunto en hombre de blanco, sonriéndole.
-Cla…claro – respondió Adrien. Estaba muy confuso, pero estaba feliz, entusiasmado.
-Bien, pues ahora vete a dormir y disfruta de tu nueva vida – el hombre de blanco se levanto de la roca. Comenzó a caminar sin mirar a Adrien en ningún momento hasta que por fin se perdió en la espesura del bosque.
Aun confundido, Adrien se levanto y se dirigió hacia su casa.

Nada había cambiado, tuvo que coger el autobús como todos los días para regresar a casa. Su estudio era el de siempre, pequeño y frio. Su cojera permanecía, su aspecto era el mismo.
Intentando no pensar en lo que había pasado se metió en la cama y aunque le costó dormirse, al final lo consiguió.

Al día siguiente se despertó a las siete de la mañana como cada día y se dirigió hacia el pequeño lavabo que estaba a escasos pasos de su cama, pero, “Un momento, ¡Esta no es mi casa!” Efectivamente no lo era. Su habitación había cambiado por completo, era espaciosa, era agradable y era…preciosa. Adrien no podía creérselo. Se froto los ojos, se pellizcó, pero aquello no desaparecía. Se metió en el baño y al mirarse en el espejo se asusto sobremanera. Allí, se reflejaba un hombre realmente guapo, con un pelo largo y moreno con destellos rubios y unos ojos verdosos. Era alto, robusto, atlético.

Adrien estaba tan perplejo que volvió a sentarse en su cama sin reparar en que ya no estaba cojo. Un móvil empezó a sonar sobre un escritorio que antes no estaba allí, pero él no tenía móvil. Contrariado lo cogió y contesto, tan contrariado que no reparo en que ya no tenia párkinson.
-¿Si, quien es? – pregunto asustado, pero tan asustado que no reparo en que su tartamudez había desaparecido.
-¿Dónde estás Adrien? – Le decía nerviosa una voz – Vamos a empezar a rodar ya y no podemos empezar sin el “Gran Jefe” – A Adrien se le escaparon las lagrimas y contesto “Enseguida voy” aunque no sabía dónde, pero ya pensaría como llegar hasta donde fuera, porque sentía que podría llegar donde quisiera.

Y desde aquel día fue feliz.

miércoles, 27 de enero de 2010

Nº 7: PARA SIEMPRE

El creía que la había olvidado. Pero en el fondo, sabía que seguía tan enamorado de ella como el primer día en el que la miró. Ella se dio cuenta y le sonrió, haciendo que esa sonrisa le hipnotizara por completo.

Pasó mucho tiempo con ella, creyó que sería para siempre, aunque le habían dicho que no se podía enamorar tanto de una chica como aquella, tan guapa, tan simpática, tan…perfecta, al menos para él, porque sufriría más cuando aquello acabase.
Durante el tiempo que estuvo con ella, pasaba noches enteras sin poder dormir, pensando en su mirada, en su sonrisa, en su cuerpo. Preguntándose como podía haber acabado una chica como aquella con alguien como él. Nadie logro entenderlo nunca. En el pueblo había quien decía que era un milagro y según él, lo era sin duda. Pero aun así, incomprensiblemente, ella se enamoro tanto de él, que por mucho que los hombres más guapos del mundo quisieran pasar mil noches con ella, hacia caso omiso, miraba para otro lado, o le besaba, haciendo que el amor que él sentía se intensificara mas.
Un buen día, estaba ella rebuscando por sus cajones, cuando halló una nota que él le había escrito. Intrigada, comenzó a leer la nota y decía así:

“Cariño, si estás leyendo esto, es porque lo nuestro está a punto de acabar. Todo este tiempo que he pasado contigo ha sido el mejor de mi vida. Nunca pude haber imaginado que podría estar tan feliz con alguien como lo he estado contigo. Siempre fuiste sincera, fiel y siempre me quisiste como el primer día, como aquel día en el que teníamos dieciocho años y yo pase con mi viejo coche por delante de un parque donde estabas sentada con tus amigas. Me baje y fui a hablar contigo, pero casi no me diste tiempo para hablar, porque me besaste allí, delante de tus amigas. Supongo que si el amor a primera vista existe, el nuestro lo fue sin duda.

Pero ahora tengo que contarte algo. Yo no fui del todo sincero contigo. No te lo conté todo. La verdad es que yo ya sabía que ibas a besarme, por eso me baje del coche. Siempre lo he sabido todo, pero gracias a eso he podido escribirte esta nota.

Bueno, supongo que tu novio no era tan normal como creías. Pero de lo que puedes estar segura es que te he querido, te quiero y te querré como nunca he querido a nadie en mi vida.

Adiós mi vida. Siempre estaré contigo, te quiero."

VÍCTOR

Rocío dejo caer la nota al suelo, al tiempo que sus ojos se empañaban en lágrimas. En su rostro se dibujaban muchas cosas, tenía un lio enorme de sentimientos, pero ante todo estaba confusa, no lograba entender la nota del todo. Decidió llamar a Víctor, pero alguien se adelanto, porque el teléfono empezó a sonar de repente. Como un rayo, Rocío cruzó la sala en dirección a la cocina. Descolgó el teléfono.

-¿Si? – pregunto Rocío
-¿Rocío Martin? – le pregunto una voz al otro lado.
-Si, soy yo, ¿Qué ocurre? – Rocío estaba empezando a preocuparse.
-Su marido, Víctor. Ha…sufrido un accidente y acaba de morir de camino al hospital, lo siento – le dijo apesadumbrada la voz.
-¿Dónde está? – pregunto Rocío entre lagrimas
-En el hospital del Príncipe, si quiere puede ir a verlo, ¿Rocío? – pero Rocío ya había colgado. Se puso lo primero que encontró y salió de su casa, dirigiendo su mirada, por alguna razón, hacia el sillón preferido de Víctor. Donde se sentaba a ver sus partidos de baloncesto mientras ella estaba fuera. Allí no vio a nadie, pero sintió algo. Fue un sentimiento agradable, como si alguien la abrazase. Se sintió tranquila durante unos segundos, como si nada de aquello estuviese pasando, como si aquel día, fuese simplemente un día mas. Pero no era un día más.

Salió de casa con los ojos empapados en lagrimas, cerrando la puerta tras de sí, mientras un hombre la miraba desde dentro de casa.
-Adiós preciosa – dijo el hombre, agitando su mano.

martes, 26 de enero de 2010

Nº 6 (Relato largo): LA VISITA DE UN EXTRAÑO (Parte Final)

Esta vez decidió erguirse para poder así calcular la altura del extraño ser, que irreal le pareció, al menos en aquella ocasión en la que el yacía en el suelo de la habitación. La altura del ser era exagerada en demasía, sobrepasando por seguro el par de metros como hubo calculado anteriormente aquel hombre. Comenzó a hablar, aunque temblaba su voz, lo hizo con enorme decisión. Cuando hacia el ser se dirigió, pudo ver un ojo, solo, verde y brillante que le miraba de forma que parecía saber de antemano lo que se disponía a decir.

-No entiendo lo que escribo, ni se siquiera la razón, los números, los años muy lejanos aun son, ¿Son acaso predicciones, buen señor?

-Puede que sí, puede que no, céntrate solo en seguir escribiendo y dentro de poco podrás descansar tanto como desees y ya nunca más abras de preocuparte por tu aspecto o tu estado mental

Y como vino de nuevo se fue, como ya hizo la otra vez, aquel hombre alto y fuerte, blanca su tez, sonriente y oscuro a la vez.

Nuestro hombre cogió de nuevo lápiz y papel, para comenzar a escribir y poner fin al tormento que trajo consigo aquel extraño ser.

Así lo hizo durante horas, sin deberse ni un momento, olvidándosele comer y hasta dormir. Lo hizo así durante días, sin parar más que para coger más papel, pues se le gastaba continuamente y temía no tener suficiente para llegar hasta el final.

Nada consiguió descubrir que no hubiese ya descubierto en aquella semana larga, en la que adelgazo más de un kilo, lo cual era raro en el, ya que era de buen comer.

Tras casi dos semanas de incesante trabajo, consiguió al fin descubrir algo que le asusto tanto que dejo caer su lápiz al suelo y en tanto gritaba pidiendo socorro, revolvió sus papeles dejando que algunos cayeran y se mezclaran entre ellos, para hacer aun más pesada la búsqueda de la verdad.

Quería que aquel infierno terminase, prefería estar muerto a saber lo que nadie sabía, pues no era el suficientemente fuerte para soportar todo aquello. Alguien escucho sus súplicas e hizo que su corazón se parase. Deseaba morir y su deseo le fue concedido.

Y vio fugazmente mientras caía al suelo, abandonada ya toda esperanza, la figura del hombre de los zapatos negros, diciéndole adiós con la mano mientras sonreía, como siempre, aunque aquella sonrisa no era ahora amable, más bien le pareció burlona. Golpeóse la cabeza contra el suelo y allí quedo tendido, muerto, descansando por siempre. Se marcho con la muerte y con su sueño tan profundo, que es el único sueño capaz de poner fin a las vanidades, desgracias, alegrías y penurias de este mundo.

Pasaron días y semanas y una mañana en la que un vecino de aquel hombre salía a la calle, se detuvo este, frente a la puerta de su claustrofóbico piso y percibió un olor a putrefacción, fuerte y asqueroso. Sin dudas ni titubeos, abrió la puerta y miro al suelo y vio allí tumbado un cadáver, tan blanco como la leche, con una expresión de terror en el rostro y una nota en la mano.

Cogió la nota el vecino y la leyó varias veces, pues no lograba encontrar significado a aquella extraña frase. Había una fecha, pero que aún quedaba muy lejana y una advertencia. Pero si que había algo que era inteligible, decía “Cuidado con lo que deseas”.

No consiguió entenderla y arrojo la nota sobre el cadáver, haciendo que aquella inscripción se perdiera para siempre y que el trabajo de un hombre que había olvidado lo que era estar cuerdo, fuese inútil. Y la nota fue quemada junto a las otras en las que también habia fechas y advertencias, fechas que aun no habían llegado y que aun tardarían mucho tiempo en hacerlo.

lunes, 25 de enero de 2010

Nº5 (Relato largo): LA VISITA DE UN EXTRAÑO (2da parte)

-¿Y a que vinisteis? si saberse puede
-Vine, porque fui llamado por vos
-Permitidme dudar, buen hombre, si es que es usted un hombre, pero hace días que no hablo con nadie más que conmigo mismo
-Puede que sin darte cuenta, pidieras mi ayuda. Tranquilo, tan solo vine a decirte que no debes rendirte, pues descubrirás en días próximos que tu misión aquí es demasiado importante como para que no sigas adelante.
-Pero no entiendo que… - antes de que la frase de nuestro hombre hallara su terminación, por donde vino se fue, aquella aparición.

Aun pasmado, asustado ligeramente y confuso sobre todo, levantase nuestro hombre y sentose en el borde del camastro de donde hacia horas había caído. Y dije bien, horas. Sin saber cómo ni por que, al volver a mirar su reloj caído en suelo, vio impactado que ya eran más de las doce de la mañana.

La sucesión de extraños acontecimientos parecía haber cesado, cuando algo golpeo la ventana de su cuarto, haciendo que volviera a asustarse tanto que esta vez un grito ahogado se escapo de sus labios. Aunque el terror le hacía tiritar acerco se a la ventana y la abrió viendo al otro lado, descansando en el alfeizar, el cadáver de un pájaro, torcido el cuello y con un pequeño trozo de papel amarrado a su destrozada yugular.

Cogió la nota y la leyó atentamente, y decía así:

“Escribe. Es el momento. Ahora descubrirás…”

La nota estaba falta de un trozo, pero lo que había leído era suficiente como para que el deseo de escribir se hiciese tan grande que no pudiese evitar coger pluma y papel y comenzar a escribir, sin saber que, como hacia siempre. No consiguió, sin embargo, sacar nada en claro, por lo que aparco su pluma, su papel y su insaciable imaginación y decidió olvidar todo aquello que le paso, para volver a su rutina de rezar, esperar y soñar más de lo normal.

Pasaron noches y días, nubes, lunas y soles sin que nada raro pasase y comenzó a pensar, aquel pobre hombre que lo que vio no fue más que su infatigable imaginación haciéndole pasar un mal rato como ya había hecho en diversas ocasiones. Pero, tras semana y media de su visión, tuvo un sueño, dígase mejor una alucinación, pues fue uno de eso sueños que el tenia aun despierto, aun de día. Y en la silla se poso sin pararse a pensar porque y a escribir empezó sin saber lo que.

Primero, no fueron más que palabras inconexas, carentes de sentido alguno. Esto hizo que pensara en abandonar su nueva empresa, a pesar de haberla emprendido con enorme gusto. Pero leyó y releyó lo que escrito había y finalmente, agotada casi toda esperanza, consiguió hallar sentido a sus escritos.

Quedo impresionado de tal manera con su nuevo hallazgo que se desmayo y se dejo caer al suelo como un saco de patatas, provocando un ruido sordo, un estruendo estrepitoso. Después llego el silencio y tras el aquel hombre de los zapatos negros. Ya no sabía si estaba soñando o estaba despierto, o quizá soñase despierto como otras veces había hecho. Fuera de esta o de otra forma, el hombre de los zapatos negros seguía allí plantado frente a él.

domingo, 24 de enero de 2010

Nº4 (Relato largo): LA VISITA DE UN EXTRAÑO (1era Parte)

En una barriada industrial de una modernista ciudad europea, allá por el año del señor de 1901, vivió una vez un hombre del que se decía de todo menos bueno. Huraño, retraído, persona de pocas amistades y de gran inteligencia, vivió perturbado por sus propias investigaciones que le hicieron perder la poca cordura que conservaba.

Era aquel hombre bajito y regordete, calvo y de pequeños ojos, con pequeñas orejas y prominente nariz, de tal manera redondo que parecía salido de un chiste, o hecho así a propósito para regocijo de individuos normales de aspecto. Puede que fuera esta, razón suficiente para que sus amistades fuesen disminuyendo al tiempo que su locura aumentaba.

Aunque nunca se considero loco, ya que se decía consciente de sus capacidades psíquicas y era por tanto, suficientemente cuerdo como para no ser encerrado en el manicomio más cercano.

Muchas noches, en las que el sueño no aparecía por más que lo buscase, se sentaba frente a su escritorio y escribía sin parar, al principio sin saber qué, pero descubriendo, poco a poco que lo que escribía cobraba sentido. Usaba eso que algunos han llamado “escritura automática” consistente, ni más ni menos, en sentarse frente a un papel y empezar a escribir sin saber ni pensar en lo que escribes.

Así paso al principio, cuando eran él y su atormentada alma. Cuando buscaba cada día algún motivo para seguir viviendo y se acostaba cada noche sin encontrarlo pero con la esperanza de hallarlo el día próximo.
Este hombre, fue por años, un desgraciado ser que casi se había dado por vencido viendo como todo aquello por lo que había luchado se esfumaba, viendo como sus sueños le decían adiós.

El quiso siempre ser alguien importante, soñaba en ocasiones con ver algún día su nombre en los libros de historia. Soñaba dormido y a ratos despierto. Soñaba con dejar una huella que pudiese verse desde lejanos planetas. Soñaba con ser recordado como un gran hombre de su tiempo.

Ocurrió que un día, estando el dormitando, ya que desde hacia más de un lustro no podía dormir de manera profunda, escucho un sonido tan fuerte que causo su irrefrenable caída al suelo. Pudo ver, fugazmente la hora de su reloj, que con el cayó, y vio que la aguja más grande sobrepasaba ligeramente el noveno numero. Y allí en el suelo, abrió los ojos, sintiendo un fuerte dolor en su brazo derecho y pudo ver unos zapatos de piel, negros, como la piel de un puma. Asustado levanto la cabeza y recorrió con sus diminutos ojitos un enorme cuerpo, lo menos de más de dos metros coronado por una cabeza, mas grande de lo normal, aunque a vista primera proporcionada con el resto del cuerpo. Y en esa cabeza, ovalada, una cara amable que le sonreía. Parecía un hombre, aunque no del todo, no, del todo no. Algo percibió nuestro hombre, pues sospechaba que aquel ser no era un ser humano por más que pareciera serlo.

-Decidme, ¿Quién sois y como entrasteis? – dijo nuestro hombre, aun pegado su cuerpo al suelo.
-Oh, no debéis preocuparos por quien soy, lo que importa es que hago aquí.

sábado, 23 de enero de 2010

Nº 3: DEMASIADO TARDE

-¿Quieres que te lo envuelva para regalo? - le preguntó la chica con una sonrisa. Javi estaba cada vez mas loco por ella, quería besarla en ese mismo instante.
-Sí, gracias - contestó Javi. La chica se metió en la trastienda. Javi se quedo pensando en lo guapa que era. Desde el primer dia que la habia visto allí, tras el mostrador de la tienda de ropa, no habia podido dejar de pensar en ella.

La chica volvió con el regalo envuelto, mientras Javi la miraba con cara de idiota. Sabia que ella se habia dado cuenta, pero como seguia sonriéndole, "no se cortó ni un pelo".

-Aquí tienes - le dijo la chica, tendiéndole el articulo envuelto.
-Gracias - dijo Javi, "¡Vamos, dile algo!" pensó. Pero era demasado tímido - adiós - "Estúpido"
-Adiós - le contestó la chica, aún sonriendo.

Javi salió de la tienda, pensado en ella, como siempre. Pero hoy no se lamentaba por no haberle dicho nada, porque no era la primera vez que iba a la tienda solo para verla. Había salido por primera vez de casa hacía unas semanas, con el permiso de su madre, despues de que le diagnostricaran un cancer incurable, a sus diecisiete años de edad y llevaba casi dos semanas haciendo lo mismo. Se dirigia a la tienda, donde estaba la chica con la sonrisa mas dulce que el había visto jamas, cogía lo primero que veía, y le pedía que se lo envolviera, para llevarlo a casa y meterlo en el armario, sin nisiquiera desnvolverlo. No sabía su nombre, pero se enamoro de ella a primera vista y la verdad era que ya estaba harto, asique decidió que mañana le diría algo, lo que fuera, "¿A que hora sales guapa?" o algo por el estilo, ya tendria tiempo de pensarlo.

Aquella noche se fue a la cama pero tardó en dormirse, porque se quedó dándole vueltas a su cabeza,recordando el momento en el que la vió por primera vez, al otro lado del escaparate, y un escalofrio recorrió su cuerpo, paralizandolo durante unos segundos. Recordando la primera vez que entro en la tienda, "¿Te puedo ayudar en algo?" le había dicho la chica, y el, tartamudeando respondió que queria comprar una camiseta. La chica lo llevo con ella y le enseño las que había. Javi cogió la primera que vio y le pido que se la envolviera.

Asi paso horas, recordando su sonrisa, sus ojos, sus labios. Tras vueltas y vueltas, al fin encontró la solución y animado por su madre, se armo de coraje y tomó una decisión.

Al dia siguiente, entró en la tienda como todos los dias, cogió lo primero que vio y le pidio a la chica que se lo envolviera. Cuando esta se metio dentro, apunto rapidamente su telefono en el mostrador y salió corriendo de la tienda.

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El telefono sonaba. La madre de Javi lo tomo entre sus manos y contesto "¿Si? ¿Quien es?" era la chica que preguntaba por Javi. Su madre empezó a llorar desconsoladamente.

-¿Pero no sabias nada? -dijo entre lagrimas - estaba muy enfermo y ayer falleció - hubo un gran silencio y despues a los llantos de su madre se unieron los de la chica.

La madre subió a la habitación de su hijo, para recordarlo y sentirlo mas cercano. Al abrir el armario, se sorprendió al ver un monton de paquetes envueltos. Al desenvolver el primero, un pequeño trozo de papel salió de el. Lo cogio y leyo lo que decía aquella nota.


"Hola, estas muy guapo, ¿Quieres salir conmigo?"
Carla

La madre siguió desenvolviendo paquetes y en cada uno de ellos, habia una nota. Todas decian lo mismo. No pudo evitar echarse a llorar de nuevo, empapando con sus lagrimas las notas que Carla había escrito a Javi, con la esperanza de salir con el algun dia, que ya nunca llegaría.

viernes, 22 de enero de 2010

Nº 2: "CUÉNTAMELO"

El edificio de Radio Cinco se encontraba en el centro de la ciudad, arropado por las luces artificiales, los coches, el humo y los enormes edificios colindantes. Desde allí, se emitían todos los programas que habían hecho famosa a la emisora y a los jóvenes talentos que trabajaban allí. Habían conseguido convertirse en poco menos que estrellas. La joven estrella más prometedora de Radio Cinco, se llamaba Susana Andrés. Presentaba un programa llamado “Cuéntamelo”, un programa donde la gente llamaba para contar sus experiencias y sus anécdotas. Susana estaba feliz con aquel programa, le encantaba, pero algo destrozaría su alegría aquella noche de Febrero. Hasta aquel día, las llamadas que recibía Susana eran alegres y divertidas, pero no todo es alegría y diversión y ella lo descubriría, quizás de una manera bastante dura.

La presentadora indicaba al jefe de sonido que bajara la música, tenían otra llamada. La música paró y la voz de la presentadora se escucho de nuevo.

-Y seguimos aquí en cuéntamelo. Tenemos al otro lado del teléfono a Pablo, desde Bilbao. Buenas noches Pablo.
-Hola, buenas noches
-Bueno, ¿Qué te ocurre?, cuéntamelo
-Pues mira Susana, últimamente he tenido muchos problemas con mi madre y hoy me he peleado con ella – dijo Pablo al otro lado del teléfono. Su voz denotaba cierta tristeza.
-¿Vives solo con ella? – pregunto Susana, la presentadora
-Si – contesto Pablo
-Dices que te has peleado con ella, ¿Por qué? ¿Qué ha pasado?
-Bueno lo que siempre pasa, eso no importa, no quiero contarlo
-Bale, ¿Y estáis bien los dos?
-No
-¿Asique no ha sido simplemente una pelea verbal?
-No
-¿Tu estas bien, Pablo?
-Si, yo si
-¿Y tu madre?
-No, creo que está muerta – dijo Pablo y colgó. Susana seguía hablando, preguntando por Pablo, pero el ya no estaba al otro lado del teléfono. Decidió parar la emisión y llamar a la policía, pero, ¿Desde donde llamaba Pablo? No podía saber desde que sitio concreto de Bilbao le había llegado la llamada. Tampoco sabía si se trataba de una broma o no.El programa siguió su curso habitual. la gente llamaba para contar divertidas anécdotas que a Susana ahora le parecian estupidas. Por alguna razón, las llamadas cesaron y el programa termino antes de lo habitual.

Cuando todo hubo terminado, la presentadora Susana decidió irse a casa. El programa terminó a una hora poco habitual aquella noche de Febrero. Susana no lograba comprender lo que había pasado en su programa, aun no daba crédito.

Cogió su coche y se dirigió a casa para intentar descansar, aunque aquella noche le costaría mucho conciliar el sueño. Seguiría durante horas dándole vueltas a aquel suceso. Cuando por fin consiguió dormirse su móvil comenzó a sonar. Susana se sobresaltó, pero rápidamente recobro el conocimiento y agarro su móvil. La llamada era de un compañero de trabajo, Diego, el jefe de sonido para ser más exactos.

-¿Susana? – preguntó Diego
-¿Si? – aun estaba adormilada pero pudo distinguir un ligero atisbo de preocupación en la voz de Diego.
-Pón las noticias y después llámame de nuevo, ¿Vale?
-¿Pero qué pasa?
-Tu, tu pón las noticias – Diego cortó la comunicación. Susana se quedo un rato sentada en su cama antes de levantarse del todo. Se dirigió hacia la sala de estar. Cogió el mando del televisor y puso el canal de noticias. Estaban hablando sobre un asesinato. Un adolescente había golpeado a su madre hasta matarla, un adolescente de Bilbao, un adolescente de nombre Pablo. Tras matar a su madre el chico había desaparecido y nada se sabía de él.

Susana no volvió a llamar a Diego. Se quedo durante horas sentada en el sofá, con la mirada perdida, pensando porque querría un chaval decirle que acababa de matar a su madre. “¿Qué por qué? Tu misma lo dices en tu programa, cuéntamelo, cuéntame lo que sea” le dijo burlonamente una lejana voz.

jueves, 21 de enero de 2010

Nº 1: VOCES

-¡¡Callaos!!- Marco no paraba de revolverse en su camastro de tres al cuarto. Se retorcía. Gritaba en la oscuridad, en su completa soledad. Gritaba hacia ningun lado. Gritaba porqué escuchaba voces. Voces ininteligibles, voces mezcladas, tan mezcladas que no era posible distinguir ni una sola palabra. Pero no cesaban,no se iban, ¿por que no se iban?

Marco se levantó de su cama, ya no lo soportaba mas. Su habitacion era pequeña, pero el la consideraba acogedora. Dio un par de vueltas alrededor de su cuarto y volvio a sentarse sobre el borde de la cama.

-¡¡Callaos!! ¡¡Callaos de una maldita vez!!

No aguantaba más. No queria aguantar más y tomó una decision. Se levantó de su cama de nuevo y rebusco en su bolsillo derecho. No había nada. Frustrado, rebusco en el izquierdo y halló una pequeña cuchilla de afeitar, "Esto me servira" pensó. Se coloco de rodillas frente a su cama, apoyando el brazo derecho sobre ella, con la palma hacia arriba. Tomo la cuchilla con su mano izquierda y la apoyo sobre la muñeca de su mano derecha. Había llegado el fin, quería acabar con todo.

Durante unos minutos en los que un sobrecogedor silencio inundo su habitacion, recordo todos los momentos en los que había sido felíz. Momentos ahora lejanos, prácticamente muertos, pero no muertos del todo. Nunca morirían del todo, al igual que el sabia que nunca moriría del todo, porque viviría en el recuerdo y el recuerdo no es sino el verdadero cielo.

Sin mas preambulos, apreto la cuchilla contra su muñeca y puso fin a su amarga existencia, a su amarga habitación y durante unos segundos, antes de irse del todo, creyo ver una luz, reflejada en la pared. Aquella luz, fue lo ultimo que Marco veria en vida. Una luz de color verdoso, una extraña luz que se reflejaba en la pared de su habitacion.

-Señor
-¿Si?
-Se trata del chaval de la 205. Ha...muerto
-¿Qué? - El doctor Vázquez no daba crédito a lo que le contaba la enfermera Martín. Nunca había muerto nadie en su bloque, ¡Nunca!-¿Como ha sido? - pregunto ofuscado Vázquez.
-Sera mejor que lo vea usted mismo - contestó la enfermera.

Vazquez y la enfermera Martín se dirigieron a la habitación 205. Decidieron tomar el ascensor para lleguar antes. A la altura del segundo piso bajaron del ascensor y con un paso relativamente ligero,caminaron por un silencioso y lóbrego pasillo,que parecia no acabrse nunca. Ciertamente aquel lugar era extraño, realemnte extraño. La anormal quietud que reinaba en el pasillo llegaba a ser agobiante. A ratos parecia que estrechaba sus paredes, como si intentaran aplastar a quien se atreviera a caminar por alli. Sin mediar palabra, doctor y enfermera, llegaron rapidamente a la puerta de la habitación 205. Vázquez indicó gestualmente a la enfermera que abriera la puerta. Está, acató la orden sin rechistar. La puerta se abrió dejando ver la imagen que se ocultaba al otro lado. El suelo estaba manchado de sangre. Una ventana entreabierta servia de iluminacion. Las blancas paredes, deslumbraban fragmentariamente, allí donde se reflejaba la luz del sol otoñal. Habia un lavabo plateado en la esquina izquierda de la habitación, al lado de aquella cama de tres al cuarto y, alli, sobre la cama reposaba el cuerpo de Marco, pero algo se salia de lo habitual. Su cuerpo estaba tendido en el suelo, pero estaba... ¡Decapitado!. Su cabeza no estaba por ningun sitio, se habia evaporado, al igual que su vida.

-¿Donde, donde esta la cabeza? - pregunto Vázquez tapandose la boca, debido al terrible hedor.
-No lo se, señor
-¿Y ese polvo verde sobre la cama?
-No lo se señor
-Bale, saquémoslo de aquí
-Sera mejor que no lo haga
-¿Que ha dicho, señorita Martín? - pregunto Vázquez, perplejo
-No he dicho nada, señor
-Acaba de decir que sería mejor que no lo sacasemos de aquí - Vázquez estaba comenzando a ponerse furioso
-No señor, le juro que no - dijo la enfermera Martín, sorprendida
-Bueno es igual, me lo habre imaginado

Sacaron el cuerpo decapitado de la habitacion 205. La enfermera Martín cerro la puerta y aseguro la cerradura mientras Vazquez sujetaba el cuerpo sin cabeza de Marco por las axilas.

-¿Que ha dicho, señorita Martín? - pregunto Vázquez, cada vez mas perplejo
-Señor, no he dicho nada - contesto la enfermera. Estaba empezando a preocuparse por la salud mental de su jefe - no habra sido nada, sera mejor que se eche un rato - le recomendo la enfermera
-Si, sera mejor - acepto Vázquez -¿Te ves capaz de acabar con esto?
-Me las arreglare, señor - dijo la enfermera Martin con una sonrisa
-Bien, pues me voy - Vázquez no espero a recibir respuesta alguna de la enfermera y se dirigio hacia su despacho, con un leve zumbido en su cabeza. Era como un murmullo, "Es solo dolor de cabeza. Una aspirina, una siesta y listo" pensó.

El doctor Vázquez dormitaba sobre el camastro pleglable de su despacho, hasta que algo turbo su descanso. Aquel murmullo que habia escuchado antes en la habitacion 205 y que habia desaprecido, aparentemente del todo, volvió. Cada vez era mas fuerte, cada vez se escuchaba mas alto, mas alto. Tan alto que llegó a ser insoportable. Vázquez desperto empapado en sudor y escucho aquel murmullo, aquellas voces, que eran cada vez mas fuertes, cada vez mas fuertes. Ya nunca se apagarian...
Se incorporo quedando sentado sobre su cama con las piernas cruzadas. Despues se levanto de la cama y nunca mas volvió a dormirse.