viernes, 12 de febrero de 2010

Nº 14: ENCERRADOS

-¿Otro mas? – pregunto Dana
-Si, ya es el ultimo - contesto Jon
-¿Seguro? – Dana parecía muy decepcionada. Estaba sentada en su roído sillón verde, desgastado por el irremediable paso del tiempo.
-Seguro, no te preocupes lo tengo todo controlado – le dijo Jon, con una expresión de indiferencia mientras daba otro sorbo a su café
-Como puede ser que los otros, que los primeros….
-La desesperación hace que tomes decisiones equivocadas
-Pero ya se han equivocado varias veces, ¡Por Dios! Se ha equivocado cientos de veces y…
-¿Cómo va eso chicos? – La atractiva Sarah interrumpió la conversación. Era una mujer rubia, bastante alta y muy bella. Aunque solo fuese en apariencia ya que su belleza interior estaba completamente desgastada.
-Igual que ayer, y seguramente igual que mañana – dijo Jon
-Puede que este sea el momento de acabar con esto de una vez – Sarah parecía ofuscada - Llevamos ya varias semanas con esto y no hemos obtenido ningún resultado
-Puede que tengas razón – dijo Dana – además nuestros “colegas” no nos dejan en paz
-¡No! – Grito Jon – Se que la gente no entiende nuestra “labor”, pero tenemos que tener fe en nuestro trabajo y en nuestro destino, nosotros vinimos a este mundo para hacer esto
-Pero sabes que esto no es considerado un trabajo por la mayoría de la gente – le dijo Sarah
-Lo sé, pero debemos creer en nosotros mismos, somos “elegidos”
-En realidad, sabes que hacemos esto por gusto, porque somos unos depravados, aunque al menos, tenemos la capacidad para admitir que lo somos, pero aun así no dejaremos de serlo, y a los ojos de los demás…– decía Dana
-¡Me importa una mierda lo que digan los demás! ¡Tú harás lo que yo te diga! – Jon se marcho de la habitación dando un fuerte portazo, muy enojado.
-Creo que no puedo seguir con esto – Dana se derrumbo y comenzó a llorar, mientras su madre, la abrazaba.
-Pero no podemos hacer nada, tu padre tiene razón, algún día lo entenderás y entenderás que nuestra labor es importante
-Pero lo que hacemos está mal, mama, tú lo sabes. Solo sigues haciendo esto porque eres demasiado cobarde para decirle a papa que esta…
-¡Basta! ¡Cállate de una puta vez! ¡Vete a tu habitación, estas castigada! – Dana salió corriendo de la habitación, escapando de los gritos y del horrible gesto de enfado de su madre. Segundos después, Jon volvió a entrar en la habitación, aparentemente más calmado
-¿Qué ha pasado? – le pregunto Jon a su esposa
-Ha vuelto a hacerlo – le contesto Sarah
- Si, no acaba de entenderlo, ¿crees que deberíamos hacer algo?
-No, no debemos hacerle nada a ella, no a Dana no, es nuestra hija.

Dana estaba tendida boca arriba en su cama con los ojos enrojecidos y la mirada perdida en el techo de su habitación. Nunca había entendido lo que hacían sus padres, pero les apoyaba inducido por una fuerza que no lograba comprender. Aunque no creyera completamente en ellos, eran sus padres y sabía que debía apoyarlos.

A varios kilómetros de allí un hombre despertaba en una lúgubre habitación atado por los pies, sin recordar cómo había llegado hasta allí. Un fuerte dolor de cabeza le hacía fruncir el ceño y a duras penas podía vislumbrar algo. Cuando empezó a acostumbrarse a la tenue luz que iluminaba débilmente la estancia logro distinguir dos sombras que se movían delante suyo, una de ellas parecía mirarle.
-Por fin te has despertado, dormilón – dijo la desconocida sombra
-¿Quién es usted? – pregunto David, confuso y todavía un poco atontado
-Creo que ese dato es completamente irrelevante en estos momentos, amigo
-¡No me llame amigo!
-De acuerdo, enemigo mío, pero tranquilícese
-Si, tranquilízate, porque ya tendrás tiempo de ponerte nervioso y desesperar – una tercera persona tomo parte en la conversación. Era ligeramente más bajo que la persona que le había hablado en un primer momento
-¿Dónde estoy? ¿Qué pasa?
-Ojala lo supiéramos – dijeron las dos sombras al unisonó
-Mira – una de las sombras, la más bajita, comenzó a hablar – llevo aquí dos semanas y todavía no se qué hago aquí, que es este lugar, quien me trajo o como llegue, asique si tú supieras algo de eso, tendría ligeras sospechas sobre ti – hizo una pausa – un día, hace una semana más o menos, me desperté y el – señalo a la otra sombra – estaba tumbado junto a mí, dormido como un tronco
-Y hoy –la otra sombra continuo la explicación – cuando nos hemos despertado, tú estabas ahí tumbado, dormido como un tronco
-Pero no entiendo nada
-Ninguno entendemos nada – la sombra bajita comenzó a hablar de nuevo – ni como hemos llegado, ni donde estamos, ni quien nos trajo aquí
-Pero quizá lo peor – la sombra más alta tomo la palabra – sea que no sabemos cómo salir de aquí. Además estamos casi seguro de que no estamos solos. Puede que estemos paranoicos, pero estamos casi seguros de que alguien nos está observando.
-Eso no son más que tus tribulaciones – dijo la sombra bajita – no estamos seguros

-Mira, se ha despertado el último – dijo Sarah
-Bien – Jon sonrió.

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