jueves, 11 de febrero de 2010

Nº 13: EL HOMBRE DE NEGRO

En el exterior nevaba. La tormenta era cada vez más intensa y hacia que el cielo nocturno se iluminara por momentos. Lucas no recordaba una tormenta tan brutal. El sonido de los truenos enmudecía el televisor y casi como un resorte Lucas salto con aquel ultimo trueno, el que había sido más fuerte que todos los anteriores.

Se estaba quedando dormido, pero aquel último trueno lo despertó del todo e hizo que volviera a la realidad. En el televisor un hombre mostraba a cámara un cuchillo del que decían que cortaba todo lo que se propusiese. Miro el reloj. Eran más de las dos de la madrugada de un lunes de septiembre y aun seguía buscando un camino que recorrer.

Su curiosidad le llevo a asomarse por la ventana de la sala de estar. En el exterior nevaba. La tormenta era cada vez más intensa y hacia que el cielo nocturno se iluminara por momentos. Aquellos truenos eran como de fuego y los relámpagos conseguían convertir la nocturna imagen de la ciudad en un día soleado durante unos instantes. Eran tan fuertes que cegaban.

Se quedo mirando por la ventana, ensimismado con las más insignificantes minucias. Había adquirido la capacidad de sacarle el lado entretenido a todo. Su infinita e inagotable imaginación, le hacía viajar por insólitos parajes, aunque su cuerpo no se moviese de allí. Imagino montañas nevadas, bosques blancos, tan blancos como la leche, los copos caían sin cesar y el era feliz, en todos sus viajes era feliz.

Algo llamo su atención al otro lado de la ventana, algo que lo saco de su viaje. Allí, en el exterior, vio a un hombre que permanecía quieto en medio de la helada carretera, que serpenteaba, flanqueada por dos aceras y otras tantas hileras de coches. Iba vestido completamente de negro, con un viejo gabán y un sombrero de copa que cubría su cabeza. No se movía, parecía estar esperando algo. De repente aquel extraño hombre, abrió sus brazos y levanto su vista al cielo, dejando caer al suelo su sombrero de copa. La nieve le golpeaba la cara. Lucas escucho en ese momento la voz del hombre, pero no pudo distinguir palabra alguna. Se cayó por un momento y siguió allí quieto durante varios instantes, con los brazos en cruz y mirando al cielo. Luego cerro sus brazos con un movimiento rápido se giro, recogió su sombrero del suelo, se lo puso de nuevo y comenzó a ascender por la carretera en dirección a la casa de Lucas. Este, lo siguió con la mirada hasta que su figura quedo tapada por el propio bloque de pisos donde residía nuestro amigo.

Corrió entonces hacia la ventana de la cocina, que daba al lado opuesto de la calle. No sabía porque, pero aquel hombre ejercía una especie de fuerza sobre el que le obligaba a mirarlo. Una atracción completamente hipnótica.
Observo desde la otra ventana que aquel hombre se acercaba decidido hacia su portal. Observo que entraba en el portal, como si viviera allí dentro, ¿Vive aquí? Se pregunto Lucas. El nunca lo había visto y seguramente se hubiese fijado en un vecino de aspecto tan curioso.

Se aparto de la ventana de la cocina y sin pensárselo dos veces, apretó su cuerpo contra la puerta de la entrada, abrió la mirilla y cerro un ojo para observar mejor con el otro a través de ella. Fuera vio que la luz del rellano estaba encendida y escucho unos pasos que subían. El hombre vestido de negro estaba utilizando las escaleras. A pesar de su aspecto, más bien anciano, utilizaba las escaleras.

El corazón de Lucas comenzó a latir cada vez más fuerte, sentía que iba a salírsele del pecho. El hombre se estaba acercando, su corazón latía cada vez más fuerte, los pasos cada vez más cercanos y Lucas notaba que estaba empezando a marearse.

Y de pronto el hombre cruzo por delante de su puerta. Lucas intento verle la cara, pero aquel sombrero de copa que portaba le cubría la cara casi por completo. Tan solo pudo ver una larga barba blanca, bajo una nariz afilada. Pero sus ojos permanecían ocultos en la sombra que creaba el sombrero.

Fueron escasos segundos, algo fugaz. Lucas ni siquiera pudo distinguir su cara, pero sintió miedo. Miedo a lo desconocido, miedo hacia aquel extraño hombre…

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