sábado, 20 de febrero de 2010

Nº 15: FRÍO

Como en aquellas noches que recordaba lejanas, perdidas en el horizonte, abocadas al abismo más oscuro y espectral. Pensamientos danzando en su cabeza al son de una melodía macabra. Como en aquellas noches, hacia mucho frio.

Era la más fría y húmeda, la noche más horrible y agonizante de las que le había tocado vivir hasta aquel momento. Pero aun así, había una luz que le guiaba, algo por lo que luchar. Era lo único que le quedaba en aquel infierno de hielo. Y lo que le quedaba era la libertad, aunque el calor del cautiverio lo llamaba desde lejos con su canto de sirena y en su cabeza se dibujaban pensamientos que lo incitaban a regresar. "De todas formas, acabas de huir de un manicomio, si te entregaras de nuevo te acogerían con los brazos abiertos" le decía una voz. Algunos preferían llamarlo "centro de salud mental" pero Benjamín no quería llamarlo de ninguna manera, solo quería olvidar que alguna vez, no hace mucho, el estuvo recluido allí.

La huida le costó menos esfuerzo de lo que había calculado. Una vez fuera de aquel horrible lugar, donde cada noche un hombrecillo bajito y calvo de mirada penetrante y voz irritante caminaba sin cesar, intentando vigilar algo, una vez fuera de allí ya no sabía qué hacer. Estaba confuso. Su libertad le recluía en el frio, la incertidumbre y el no saber si vería otro amanecer. Las horas pasaban lentamente, riéndose de Benjamín cada vez que consultaba su reloj de pulsera.

Tenía hambre. Sus esfuerzos para escapar de allí, aunque leves, habían supuesto un gasto de energía considerable. No había nada que comer, solo un bosque que cruzar y después sueños de invierno, alguna civilización, una casa donde comer y dormir, solo sueños de aquel invierno y nada más. Fantasías de una mente enfebrecida y ofuscada con el mundo que le rodeaba, que no le dejaba sentir más que pena y dolor. Sufrimiento manchado de sangre, días grises más negros que blancos y noches frías y húmedas como el hielo, en las que costaba respirar. Cortando su cuello a los compas de los latidos de un corazón destrozado, sin pedazos que juntar, los pedazos de aquel destrozado corazón también se rompieron y era imposible reconstruir un corazón tan olvidado por el amor.

Sentado frente al bosque que debía cruzar, apoyado contra una roca reposaba el cuerpo de Benjamín. Hacia más de una hora que no se movía y no lo haría nunca más. Sus sueños antaño trabados, ahora se cumplirían y una vida llena de penurias y el más angustioso sufrimiento, quizás le reportara la alegría mas absoluta una vez se marchase de allí.

Observo su congelado cuerpo durante unos instantes y después se encamino hacia su autentica libertad. Ahora sí, era libre. Lo único que le privaba de una vida libre y feliz era la propia vida, su vida. Ahora sí, era libre, la muerte le otorgo aquella libertad que durante tanto tiempo anhelo y dibujo la felicidad en un rostro marchito, para que Benjamin nunca más dejase de sonreír.

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