miércoles, 10 de febrero de 2010

Nº 12: LA ESCALERA

Su vista se esclareció y miro hacia el techo, hacia mucho frio. Nunca hacia frio allí, pero aquel día era casi insoportable. Incorporándose golpeo con su brazo derecho un vaso de agua que reposaba sobre la mesita de noche, derramando por la moqueta el agua que contenía. Se quedo mirando el vaso durante unos segundos antes de afanarse en recogerlo y volver a colocarlo sobre la mesita.

Se puso en pie y se estiro al tiempo que bostezaba, haciendo que sus huesos se desentumecieran. Salió después de su habitación pero no se dirigió hacia el baño, tan solo quería ir a la cocina para beber un vaso de agua y regresar a la cama. No tenía nada que hacer aquella mañana, asique decidió dormir hasta que no pudiera mas, pues había tendió una semana muy estresante y quería encontrarse completamente relajado.

Cruzo el salón adormilado y mirando el suelo por el que caminaba. La sala era de un tamaño considerable, con unos amplios ventanales que daban a la calle, un sillón para tres personas estaba agolpado contra la pared de la izquierda y otros dos individuales daban la espalda a las ventanas. Frente al sillón grande había una mesita con cajones, sobre la que se encontraba una tele de color plata. La tele estaba flanqueada a ambos lados por estanterías repletas de libros de toda clase, novelas, ensayos, libros recopilatorios de relatos, libros de texto sobre medicina, ciencia, historia y un largo etcétera.

Diego entro en la cocina frotándose los ojos y se dirigió hacia el fregadero donde se encontraban los vasos limpios. Cogió uno y lo examino para cerciorarse de que estaba completamente limpio. No se fiaba de haber dejado todo completamente limpio la noche anterior, pues antes de cenar estuvo fumando marihuana y tras la cena, cuando le toco fregar, aun estaba bastante aturdido y limpio todo con rapidez para meterse en la cama lo antes posible.

Sus sospechas eran correctas. El vaso que cogió tenía una mancha de tomate en la parte inferior, lo extraño es que la mancha estaba por dentro y no por fuera como debería estar al haber apoyado el vaso sobre un palto manchado de tomate. Pero no le dio más vueltas a aquel detalle, limpio el vaso, cogió una botella de la nevera, llenó el vaso de agua y se la bebió de un trago. Volvió a rellenarlo una vez más y esta vez le hicieron falta tres tragos para terminárselo.

Aclaro el vaso y volvió a dejarlo en el fregadero. Salió de la cocina para dirigirse de nuevo a su dormitorio, pero ya se había despabilado y sabía que no volvería a encontrar el sueño aquella mañana de verano. Optó entonces por sentarse en su sillón favorito, uno de los individuales y mirar la tele durante un rato antes de desayunar.

Mientras se dirigía hacia el sillón, vio algo que hizo que se despertara de golpe. Al lado de su sillón favorito, que era lo primero que compro cuando se mudo a su nuevo hogar y del que guardaba gratos recuerdos, bien solo o acompañado, había una especie de agujero. Dejo a un lado el interrogante de cómo demonios había ocurrido eso y se acerco al agujero, muy asustado, esperando encontrar cualquier cosa, aunque en su fuero interno sabia que a través del hueco seguramente vería la casa de su vecino de abajo y le preguntaría furioso como había ocurrido aquello. Pero no fue así.

A través de aquel agujero, que era considerablemente más grande de lo que Diego había pensado en un primer momento, pudo ver unos escalones que descendían, uno, dos tres, cuatro escalones y después…el abismo, la oscuridad total, pero ¡Que demonios! exclamó en voz alta.

Se quedó allí mirando aquello, dejando que su vista se perdiera en la oscuridad de aquel agujero, olvidándose por completo del televisor, de su sillón, de la sala, de su casa. Se quedó allí, hipnotizado, observando la oscuridad…

1 comentario:

  1. y más le vale bajar las escaleras... o... si las baja, será la peor decisión de su vida?eso habrá que leerlo!
    sigue escribiendo...

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