domingo, 24 de enero de 2010

Nº4 (Relato largo): LA VISITA DE UN EXTRAÑO (1era Parte)

En una barriada industrial de una modernista ciudad europea, allá por el año del señor de 1901, vivió una vez un hombre del que se decía de todo menos bueno. Huraño, retraído, persona de pocas amistades y de gran inteligencia, vivió perturbado por sus propias investigaciones que le hicieron perder la poca cordura que conservaba.

Era aquel hombre bajito y regordete, calvo y de pequeños ojos, con pequeñas orejas y prominente nariz, de tal manera redondo que parecía salido de un chiste, o hecho así a propósito para regocijo de individuos normales de aspecto. Puede que fuera esta, razón suficiente para que sus amistades fuesen disminuyendo al tiempo que su locura aumentaba.

Aunque nunca se considero loco, ya que se decía consciente de sus capacidades psíquicas y era por tanto, suficientemente cuerdo como para no ser encerrado en el manicomio más cercano.

Muchas noches, en las que el sueño no aparecía por más que lo buscase, se sentaba frente a su escritorio y escribía sin parar, al principio sin saber qué, pero descubriendo, poco a poco que lo que escribía cobraba sentido. Usaba eso que algunos han llamado “escritura automática” consistente, ni más ni menos, en sentarse frente a un papel y empezar a escribir sin saber ni pensar en lo que escribes.

Así paso al principio, cuando eran él y su atormentada alma. Cuando buscaba cada día algún motivo para seguir viviendo y se acostaba cada noche sin encontrarlo pero con la esperanza de hallarlo el día próximo.
Este hombre, fue por años, un desgraciado ser que casi se había dado por vencido viendo como todo aquello por lo que había luchado se esfumaba, viendo como sus sueños le decían adiós.

El quiso siempre ser alguien importante, soñaba en ocasiones con ver algún día su nombre en los libros de historia. Soñaba dormido y a ratos despierto. Soñaba con dejar una huella que pudiese verse desde lejanos planetas. Soñaba con ser recordado como un gran hombre de su tiempo.

Ocurrió que un día, estando el dormitando, ya que desde hacia más de un lustro no podía dormir de manera profunda, escucho un sonido tan fuerte que causo su irrefrenable caída al suelo. Pudo ver, fugazmente la hora de su reloj, que con el cayó, y vio que la aguja más grande sobrepasaba ligeramente el noveno numero. Y allí en el suelo, abrió los ojos, sintiendo un fuerte dolor en su brazo derecho y pudo ver unos zapatos de piel, negros, como la piel de un puma. Asustado levanto la cabeza y recorrió con sus diminutos ojitos un enorme cuerpo, lo menos de más de dos metros coronado por una cabeza, mas grande de lo normal, aunque a vista primera proporcionada con el resto del cuerpo. Y en esa cabeza, ovalada, una cara amable que le sonreía. Parecía un hombre, aunque no del todo, no, del todo no. Algo percibió nuestro hombre, pues sospechaba que aquel ser no era un ser humano por más que pareciera serlo.

-Decidme, ¿Quién sois y como entrasteis? – dijo nuestro hombre, aun pegado su cuerpo al suelo.
-Oh, no debéis preocuparos por quien soy, lo que importa es que hago aquí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario