-¡¡Callaos!!- Marco no paraba de revolverse en su camastro de tres al cuarto. Se retorcía. Gritaba en la oscuridad, en su completa soledad. Gritaba hacia ningun lado. Gritaba porqué escuchaba voces. Voces ininteligibles, voces mezcladas, tan mezcladas que no era posible distinguir ni una sola palabra. Pero no cesaban,no se iban, ¿por que no se iban?
Marco se levantó de su cama, ya no lo soportaba mas. Su habitacion era pequeña, pero el la consideraba acogedora. Dio un par de vueltas alrededor de su cuarto y volvio a sentarse sobre el borde de la cama.
-¡¡Callaos!! ¡¡Callaos de una maldita vez!!
No aguantaba más. No queria aguantar más y tomó una decision. Se levantó de su cama de nuevo y rebusco en su bolsillo derecho. No había nada. Frustrado, rebusco en el izquierdo y halló una pequeña cuchilla de afeitar, "Esto me servira" pensó. Se coloco de rodillas frente a su cama, apoyando el brazo derecho sobre ella, con la palma hacia arriba. Tomo la cuchilla con su mano izquierda y la apoyo sobre la muñeca de su mano derecha. Había llegado el fin, quería acabar con todo.
Durante unos minutos en los que un sobrecogedor silencio inundo su habitacion, recordo todos los momentos en los que había sido felíz. Momentos ahora lejanos, prácticamente muertos, pero no muertos del todo. Nunca morirían del todo, al igual que el sabia que nunca moriría del todo, porque viviría en el recuerdo y el recuerdo no es sino el verdadero cielo.
Sin mas preambulos, apreto la cuchilla contra su muñeca y puso fin a su amarga existencia, a su amarga habitación y durante unos segundos, antes de irse del todo, creyo ver una luz, reflejada en la pared. Aquella luz, fue lo ultimo que Marco veria en vida. Una luz de color verdoso, una extraña luz que se reflejaba en la pared de su habitacion.
-Señor
-¿Si?
-Se trata del chaval de la 205. Ha...muerto
-¿Qué? - El doctor Vázquez no daba crédito a lo que le contaba la enfermera Martín. Nunca había muerto nadie en su bloque, ¡Nunca!-¿Como ha sido? - pregunto ofuscado Vázquez.
-Sera mejor que lo vea usted mismo - contestó la enfermera.
Vazquez y la enfermera Martín se dirigieron a la habitación 205. Decidieron tomar el ascensor para lleguar antes. A la altura del segundo piso bajaron del ascensor y con un paso relativamente ligero,caminaron por un silencioso y lóbrego pasillo,que parecia no acabrse nunca. Ciertamente aquel lugar era extraño, realemnte extraño. La anormal quietud que reinaba en el pasillo llegaba a ser agobiante. A ratos parecia que estrechaba sus paredes, como si intentaran aplastar a quien se atreviera a caminar por alli. Sin mediar palabra, doctor y enfermera, llegaron rapidamente a la puerta de la habitación 205. Vázquez indicó gestualmente a la enfermera que abriera la puerta. Está, acató la orden sin rechistar. La puerta se abrió dejando ver la imagen que se ocultaba al otro lado. El suelo estaba manchado de sangre. Una ventana entreabierta servia de iluminacion. Las blancas paredes, deslumbraban fragmentariamente, allí donde se reflejaba la luz del sol otoñal. Habia un lavabo plateado en la esquina izquierda de la habitación, al lado de aquella cama de tres al cuarto y, alli, sobre la cama reposaba el cuerpo de Marco, pero algo se salia de lo habitual. Su cuerpo estaba tendido en el suelo, pero estaba... ¡Decapitado!. Su cabeza no estaba por ningun sitio, se habia evaporado, al igual que su vida.
-¿Donde, donde esta la cabeza? - pregunto Vázquez tapandose la boca, debido al terrible hedor.
-No lo se, señor
-¿Y ese polvo verde sobre la cama?
-No lo se señor
-Bale, saquémoslo de aquí
-Sera mejor que no lo haga
-¿Que ha dicho, señorita Martín? - pregunto Vázquez, perplejo
-No he dicho nada, señor
-Acaba de decir que sería mejor que no lo sacasemos de aquí - Vázquez estaba comenzando a ponerse furioso
-No señor, le juro que no - dijo la enfermera Martín, sorprendida
-Bueno es igual, me lo habre imaginado
Sacaron el cuerpo decapitado de la habitacion 205. La enfermera Martín cerro la puerta y aseguro la cerradura mientras Vazquez sujetaba el cuerpo sin cabeza de Marco por las axilas.
-¿Que ha dicho, señorita Martín? - pregunto Vázquez, cada vez mas perplejo
-Señor, no he dicho nada - contesto la enfermera. Estaba empezando a preocuparse por la salud mental de su jefe - no habra sido nada, sera mejor que se eche un rato - le recomendo la enfermera
-Si, sera mejor - acepto Vázquez -¿Te ves capaz de acabar con esto?
-Me las arreglare, señor - dijo la enfermera Martin con una sonrisa
-Bien, pues me voy - Vázquez no espero a recibir respuesta alguna de la enfermera y se dirigio hacia su despacho, con un leve zumbido en su cabeza. Era como un murmullo, "Es solo dolor de cabeza. Una aspirina, una siesta y listo" pensó.
El doctor Vázquez dormitaba sobre el camastro pleglable de su despacho, hasta que algo turbo su descanso. Aquel murmullo que habia escuchado antes en la habitacion 205 y que habia desaprecido, aparentemente del todo, volvió. Cada vez era mas fuerte, cada vez se escuchaba mas alto, mas alto. Tan alto que llegó a ser insoportable. Vázquez desperto empapado en sudor y escucho aquel murmullo, aquellas voces, que eran cada vez mas fuertes, cada vez mas fuertes. Ya nunca se apagarian...
Se incorporo quedando sentado sobre su cama con las piernas cruzadas. Despues se levanto de la cama y nunca mas volvió a dormirse.
jueves, 21 de enero de 2010
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espero que la historia continue... tiene muy buena pinta!
ResponderEliminarSí, la verdad es que te deja intrigada.
ResponderEliminarEspero que la página crezca pronto y nos ofrezca buenos momentos.
Suerte al autor!!
Saludos;)